CUIDADO CON CONTAMINAR LO QUE DIOS NOS HA DADO

"Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad". (Jeremías 2:7)

La gracia de Dios es quien nos saca de la esclavitud de la carne, nos limpia con su palabra y con su sangre lava todos nuestros pecados. Jesús lo prometió al decir que había venido para que tengamos vida y vida en abundancia. Ahora bien, ¿En qué consiste la abundancia de Dios? Creo no es precisamente la que se refiere a los bienes terrenales pues la vida del hombre no consiste en esto, aunque si Dios lo desea puede darnos esas cosas. Pienso que el Señor está más interesado en nuestro avance espiritual y si es necesario permitirá que pasemos por pruebas o carencias materiales para ayudarnos a depender de él y así madurar y fortalecer nuestra fe.
El pretendido evangelio de la prosperidad daña seriamente este principio induciendo al hombre a negociar con Dios sus bendiciones. Pablo ya lo había advertido que raíz de todos los males es el amor al dinero, “el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe…” (1 Tim. 6:10).
Sin embargo, el verso en mención alude a la extrema ingratitud de un pueblo el cual Dios había liberado. Ellos recibieron lo prometido, abundancia de bienes y protección de sus enemigos, pero cual hijo rebelde manchó con sus pecados la heredad y convirtió sus bendiciones en maldiciones. Cuántos creyentes han caído en las garras del mundo y aún siguen siendo devorados por el león rugiente, envueltos en vicios y pecados que no hacen más que retrasar su progreso espiritual.
Por eso, el cristiano de hoy debe seguir conservándose limpio, puro y sin mancha, debe cuidar del templo de Dios que es su cuerpo y someterlo a una disciplina espiritual por la Palabra. No caigamos en los pecados del tiempo antiguo, no hagamos abominable la heredad del Señor que ahora vive en nosotros, más bien por su misericordia, debemos presentarnos en sacrificio vivo, santo, agradable y que este sea nuestro culto racional.

A DIOS SEA LA GLORIA
















Por la misericordia y la gracia de Dios, tengo una familia bendecida con dos preciosos hijos. Mi esposa Pilar y yo, dependemos de la diestra divina que nos mantiene y sostiene a diario.
Mi pequeña Mariana, nacida el 15 de Febrero del 2006, fue una promesa de Dios desde antes de nacer a raíz de una dura prueba que experimentamos previamente, casi al mismo tiempo de bautizarnos. Ahora la pequeña tiene 3 años, es dulce e inteligente, pero también es incansable y traviesa, pone la casa de cabeza desde que amanece.
El varoncito, Daniel, nació el 16 de Agosto del 2008, es una tremenda bendición tenerlo en brazos y soñar con que Dios lo use para la obra...

DEDICACIÓN DE DANIEL

El 15 de Noviembre del 2008, mi esposa Pilar y yo dedicamos al Señor a nuestro segundo hijo, Daniel Alberto. Fue una tarde muy especial, donde el pastor titular, Joaquín Alegre elevó una oración para que el varón en brazos sea un ejemplo de vida santa tal como lo fue el profeta del mismo nombre.
Damos gracias a Dios por este hijo, a quien bendigo cada día para que el Señor lo use como instrumento suyo para llevar mucho pueblo a los pies de nuestro Salvador.








VERANO EVANGELISTICO 2009












El Domingo 22 de Marzo desde las 5:30 p.m., la Iglesia Alianza Cristiana y Misionera del Callao llevó a cabo su último verano evangelístico del año. La participación fue masiva y gracias a Dios, se congregó gran cantidad de gente entre la Av. Bolognesi y el Jr. Atahualpa en la Perla-Callao.
Hubo risas con el show de los payasos, baile con los jóvenes raperos cristianos, coreografía, y al final, un delirante y a la vez reflexivo tema que refleja nuestra sociedad: "la pollada". Finalmente, 34 almas hicieron de Jesucristo su Salvador y Señor, para la gloria del Todopoderoso.
Gracias a Dios y a los hermanos que dispusieron su corazón por estas 9 semanas en que se predicó las Buenas Nuevas, tal como el mismo Señor nos encomendó.







YA LO PASADO, PASADO

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas”. (43:18)

Tenemos un Dios renovador, reconstituyente, quien continuamente hace nuevas todas las cosas y hace del pasado un mero testimonio. Disfrutamos de un Señor que no vive de remembranzas sino cada día sorprende con algo que complace nuestra alma y nos alienta a continuar en la fe que nos ha dado.


Por otra parte, el hombre tiende a recordar nostálgicamente sus glorias pasadas, y se envuelve en una especie de telaraña espiritual que lo mantiene inactivo, sin embargo, Dios le despierta y dice: “la gloria postrera será mayor que la primera”. Porque lo hecho ya fue de provecho y no hay soldado más inútil que el que se echa bajo la sombra del recuerdo y se jubila como jornalero del reino.

Conozco hermanos que lamentablemente se han hecho labradores ociosos que lo único que hacen es traer a la memoria tiempos pasados cuando servían fervorosamente al Señor. Y pudiendo seguir haciéndolo, pues no carecen de salud ni de tiempo, simplemente no lo hacen y se dedican a ver “desde la banca”. Quizás en ellos se cumple el viejo proverbio: “Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida”.

La Biblia nunca honra a cristianos que laboraron en la viña y luego dejaron la tierra a medio arar, tampoco de creyentes que por su edad dejaron de testimoniar de su Señor. De hecho, la Biblia nos hace saber de gente que a pesar de sus canas seguían sirviendo a Dios. Por citar un ejemplo, tenemos a Ana, la profetiza, quien era viuda hace ochenta y cuatro años, nunca salía del templo, sino que servía día y noche al Señor, con ayunos y oraciones. (Lc. 2:37).

Por consiguiente, como hijos de Dios debemos tener una visión enmarcada en las cosas de arriba, pensar en lo que el Señor quiere que hagamos, vivir y mirar nuestro presente con el anhelo de renovarnos continuamente. Desechemos pues, cualquier formato de “jubilación cristiana”, si hemos de acordarnos del pasado, que sirva para esforzarnos en volver a hacerlo mucho mejor.

Mientras tanto, sigamos peleando la buena batalla, corriendo la carrera de la fe, sirviendo con gozo hasta que exhalemos el último aliento de vida. Porque llegará el día cuando “descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”

NADA ESTORBA A DIOS

“…Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará? (43:13)

Ninguna cosa creada podrá deshacer, anular o desbaratar cualquier propósito que Dios emprenda… ¡Qué sería del hombre si esto no fuera verdad! ¡Cuánta esperanza quedaría trunca y no menos fe socavaría todo espíritu!
Por bendición, podemos estar seguros que la buena obra que Dios comenzó en nosotros la irá perfeccionando, puliendo, trabajando, haciendo que las suciedades más recónditas de nuestro corazón queden limpias. Todo esto, para presentarnos como una novia pura y sin mancha a las bodas que habrá en el cielo, día inolvidable y eterno que toda alma enamorada anhela.


Por otra parte, podemos ver a lo largo de la Escritura cómo el diablo ha intentado estorbar en los planes de Dios con sus constantes ataques y mentiras. Desde el Edén, el homicida ha ingeniado situaciones para que el hombre constantemente peque contra Dios y se aparte de la comunión con Él. No cabe duda que el maligno trabaja más y disfruta el doble viendo a muchos santos caídos, que a impíos que sin mucho esfuerzo ya tiene en sus manos. Por eso, ninguno debe ignorar sus maquinaciones, menos aún enfrentarle con sus propias fuerzas, pues nuestro enemigo es poderoso y tiene mayor experiencia en el campo espiritual.

Pero Dios es Todopoderoso y aunque parezca que el diablo se haya salido con la suya, no debemos olvidar la soberanía divina que tiene el control de todo. Incluso cuando Jesucristo pendía sobre la cruz y tuvo que experimentar el dolor infernal de las huestes de maldad, su entrevista con la muerte pudo significar una victoria para el enemigo. Pero la gloriosa resurrección hizo todo lo contrario, fue su debacle, Jesús le pisó la cabeza y ese triunfo en el calvario es también nuestro triunfo, esto es, si estamos en el lado ganador.
Por lo tanto, a Dios nada ni nadie le estorba y lo que parece estorbo, lo usa para promover sus sabios designios. Si creemos en esto, ¿Acaso no debemos sentirnos más seguros y confiados?

TESTIGOS DE JESUS

“Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios". (43:12)

En términos jurídicos, el testigo es una figura procesal
. Es la persona que declara voluntariamente ante un tribunal sobre hechos que son importantes para la resolución de un asunto sometido a juicio. Dicha declaración recibe el nombre de testimonio y se puede dar siendo testigo presencial o no presencial, que es aquel que declara sobre algo que ha oído o le han contado.
Ahora bien, poniendo esto en el plano espiritual, vemos que el mundo es como un gran tribunal que continuamente somete a insano juicio la palabra de Dios. Es más, aún los que lideran muchos grupos religiosos tuercen, ponen, quitan, malinterpretan y toman las Escrituras a su insulso antojo.


No hay que ser muy perspicaces para darnos cuenta las intenciones de muchos que buscaban a Jesús con el propósito de hallarle alguna falla y acusarle, pues él mismo había testificado de ellos diciendo que sus obras eran malas. Hoy en día, millones de personas demuestran con sus acciones total ignorancia e irreverencia a la voluntad de Dios. Ellos acusan al Creador de los males que existen, de la violencia, los desastres naturales, la injusticia, y así se lavan las manos sintiéndose dueños de la verdad.

Otro grupo se dedica a justificar sus pecados, auto limpiar sus conciencias haciéndose de la vista gorda con la Escritura y volteando la página cuando no les conviene, pensando y actuando en base a su propio criterio y no según como lo que está escrito.
Por otro lado, los hijos de Dios dan testimonio de Jesús, esto es a pesar que nunca lo han visto, pero que han experimentado el conocimiento directo y verdadero de la Palabra de vida. Por eso el Padre les llama “mis testigos”, porque ellos están dispuestos a declarar a favor de Jesús, con sus palabras y con sus obras buscando en todo tiempo exaltar a su Señor.

Cristo, quien es Dios, también lo expresó antes de ascender al cielo: “ustedes serán mis testigos”, dejando en claro la actitud que debe tomar un creyente, o sea la de alguien que solamente de testimonio de lo que Dios ha hecho en su vida y anuncie el evangelio, y no la que defienda contenciosamente doctrinas y organizaciones, pues entonces se tornaría en un “abogado”. Por algo, el Señor nos ha dado el ministerio de la reconciliación.
Por que la fe viene por el oír la palabra, y si no damos testimonio a la gente, ¿Cómo tendrán fe y glorificarán a Dios?

ESTIMADO A LOS OJOS DE DIOS

"Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida". (43:4)

Qué tremendo honor es poder oír de Dios que somos importantes, que incluso está dispuesto a ofrendar vidas humanas y pueblos por amor a nosotros.
Estas palabras si que conmueven y me llevan a pensar que esta promesa se hizo realidad con lo que sucedió con el apóstol Pedro cuando estuvo en prisión (Hechos 12:5-19).
Sujeto con dos cadenas, rodeado de guardas que custodiaban la puerta de la cárcel, el amado “pescador de hombres” no sabía lo que su Señor estaba a punto de hacer por él. Y es que de repente, un ángel de Dios se presentó, y una luz brilló en la cárcel. El ángel tocó a Pedro para despertarlo y le dijo: "Levántate, date prisa".

Y Pedro, con la ayuda de Dios pudo escapar. Sin embargo, El rey Herodes, lleno de ira y confusión, ordenó a sus soldados que buscaran a Pedro, pero ellos no pudieron encontrarlo. Entonces Herodes les echó la culpa y mandó que los mataran.
Vemos pues que este gobernador asesinó a 16 de los suyos, pues la Biblia nos cuenta que eran cuatro grupos de cuatro soldados cada uno (12:4). En suma, Dios para guardar a Pedro, permitió que se sacrifiquen 16 hombres que no tuvieron nada que ver con la fuga del apóstol. Quizás Pedro cuando supo de las secuelas, recordó la frase: “Daré, pues, hombres por ti”, y cobró ánimo su corazón y se sintió amado y protegido.

También es hermoso saber que tenemos un Dios que está dispuesto incluso a mover todo su arsenal para pelear por nosotros, como lo hizo con Débora y Balac, que luchando contra Sísara, vieron cómo Dios envió refuerzos y “Desde los cielos pelearon las estrellas; desde sus órbitas pelearon contra Sísara”. (Jueces 5:20).
Tampoco fue difícil para Dios inmolar miles de primogénitos egipcios, con tal de que su pueblo sea liberado del yugo de la esclavitud.
Menos resultó imposible para el Omnipotente detener el día en Gabaón cuando oyó que Josué aún no terminaba con los enemigos de Israel. (Jos. 10:12-13).

Pero el sacrificio más grande que Dios hizo por la humanidad fue el de ofrendar a su Unigénito por amor a nosotros. Así es, el Cordero de Dios, preparado desde antes de la fundación del mundo, se ofreció asimismo como pago por el pecado, para que ahora cualquiera que se acerque y ejerza fe en él, no se pierda, más tenga vida eterna. ¿Estamos correspondiendo a ese amor con nuestra obediencia?

LA "SORDERA" DE DIOS

“¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová…?” (42:19)

Las dos primeras preguntas parecen referirse a Israel, el pueblo que Dios eligió para ser luz a las naciones, heraldo de su verdad. Lamentablemente fracasaron y se dejaron arrastrar por sus vecinos paganos hasta el punto de obrar aún peores cosas que ellos. Así sucede hoy con los que habiendo conocido a Jesucristo y su Palabra, después permiten que los vuelvan a engañar y se dejan controlar por el pecado, su estado viene a ser peor que antes.


En efecto, Israel a lo largo del tiempo siempre fue duro de cerviz, continuamente dejaban a su Dios y se iban en pos de los ídolos y la fornicación, actitud que les costó mucha disciplina de parte del Señor. Sin embargo, aún con azotes no entendían… ¿Algún parecido con el cristiano de hoy?
Sin embargo, es la última pregunta la que parece concernir a Jesucristo. En este caso, se refiere a su resistencia para soportar los sufrimientos y los reproches, como si él ni hablase ni oyese. Aquí hay pues una conversión a manera de contraste de la ceguera moral de Israel a la paciente ceguera y sordera del Mesías, quien como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

También el Salmo 38:13-14 nos ilustra su actitud: “Mas yo, como si fuera sordo, no oigo; Y soy como mudo que no abre la boca. Soy, pues, como un hombre que no oye, y en cuya boca no hay reprensiones”.

LA SABIDURIA DEL SILENCIO

“Desde el siglo he callado, he guardado silencio, y me he detenido…” (42:14)

La raíz primaria de este verbo detalla que con respecto a la impiedad de los hombres, Dios mismo se ha apaciguado, refrenado, se ha mantenido quieto, se ha hecho el sordo, ha disimulado, permaneciendo fiel a su bondad por la cual no hemos sido consumidos.


Y es que el impío hace lo que quiere y al parecer no viene juicio contra él. Incluso el salmista tuvo envidia de ellos al ver cómo prosperaban los orgullosos y malvados. A estos no les preocupa la muerte, están llenos de salud; no han sufrido las penas humanas ni han estado en apuros como los demás. Su orgullo es como un collar donde lo inmoral se viste de gala. Incluso con burla y descaro, se jactan de sus malos caminos ante los ojos de los hijos e Dios.

Otro salmista plasma mejor lo que Dios piensa de aquellos: “Estas cosas hiciste, y yo he callado; Pensabas que de cierto sería yo como tú; pero te reprenderé, y las pondré delante de tus ojos.” (Salmos 50:21)
En otras palabras, si Dios calla y es lento para la ira, no es porque tolere la injusticia ni mucho menos la apañe. Es porque espera un cambio en el pecador, un giro completo en sus caminos, pues durante mucho tiempo Dios perdonó a los que hacían todo eso, porque no sabían lo que hacían; pero ahora ordena que todos los que habitan este mundo se arrepientan y sólo a él le obedezcan. Porque ya decidió en qué día juzgará a todo el mundo, y será justo con todos.

“Porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse…”. Por eso es menester que si nos sabemos en falta con Dios y él calla, no es porque “olvidó” nuestras fallas, sino porque simplemente espera para tener misericordia de nosotros, perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.

MECHAS PRENDIDAS

“No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo que humeare… (42:3)

La caña representa a los que son débiles y se sienten oprimidos por alguna calamidad o por el sentido del pecado. A ellos Dios no los quebrará, no los aplastará ni les condenará, no hará leña de ellos como los hombres suelen hacer en su maldad. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.


El pábilo es la mecha de la lámpara cuya textura era de lino. El creyente representa la lámpara y su corazón iluminado por el Espíritu Santo es como la mecha. Ahora bien, cuando dice “que humeare”, significa que el pabilo arde débilmente humeando, sin aún extinguirse enteramente la llama. Esto expresa el lado positivo del pecador. El de corazón quebrantado no deja de poseer alguna chispa o lucecita, que proviene de lo alto, del Padre de las luces. Jesús le renovará su gracia con el aceite de su unción.

TAMBIEN ESTO ES VANIDAD

“He aquí que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad; abominación es el que os escogió”. (41:24)

Nada hay en los ídolos que sea digno de consideración. Y para demostrar la necedad del pecado sólo se necesita poner atención en las razones dadas en su defensa. Los ídolos son menos que nada y peor que nada. Así vengan los mejores abogados y presenten sus argumentos de otras doctrinas que no sea la salvación por medio de Cristo, ¿pueden proponer una cura para el pecado y la maldad humana?

El texto dice que las obras de los hombres son vanidad que en el contexto hebreo quiere decir “aliento, respiro”. Es decir una imagen o escultura es algo que fácilmente desaparece como un aliento o respiro. Un ídolo también es como el vapor que tal como vino se va.

Por eso quienes confían en ellos serán como ellos: efímeros, inútiles, débiles, necios, que rechazaron darle gloria al Dios viviente para envolverse en su retorcido albedrío.

DE GUSANO A TRILLO

“No temas, gusano de Jacob… yo soy tu socorro, dice Jehová… He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo”. (41:14-15)

Muy dinámica la comparación en lo que viene a ser un “gusano” pequeño, diminuto, que todos abominan y desprecian pisoteándolos, con lo que viene a ser un “trillo nuevo”, herramienta dentada que se arrastra sobre el terreno para romper los terrones de tierra después de haber arado.


Ambas cosas son potencialmente muy distantes entre sí, pero sin embargo ilustra lo que viene a ser el hombre delante de Dios, como un gusano, pobre y perdido, figura despreciable y ruin. Así éramos antes de que Dios nos socorra: hijos de ira, llenos de maldad, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó y nos convirtió en “trillo nuevo” por medio del nuevo nacimiento. Trillo que utiliza para moler montes y collados, es decir, ahora tenemos el poder para destruir toda fortaleza derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios.

Porque Él mismo dijo: “Recibiréis poder de lo alto”, y ese es el poder que ahora tenemos por el Espíritu Santo que mora en nosotros. Pero sabiendo esto, jamás debemos olvidar cómo éramos antes de conocer a Dios y cómo por su gracia nos cambió de gusano a trillo nuevo y fuerte.

NO HAY RAZON PARA TEMER

“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. (41:10)

He aquí la promesa divina que viene como bálsamo en medio de la tempestad. “No temas”, implica el no asustarse, amedrentarse o quedarse espantado. Dios dice: “yo estoy contigo”, palabra que arrebata de un tirón cualquier circunstancia que esté atemorizando nuestro ser.

Y es que sería mentira pregonar que nunca tenemos miedo, que la vida cristiana con sus avatares no infunde cierto grado de temor ante una posible tribulación o aún en medio de ella. El diablo es experto en manejar estas artes, tiene siglos haciéndolo, lo consiguió con los espías que fueron a Canaán. Su propósito es que seamos cristianos de poca monta, asustadizos, que no avancemos, y le pongamos límites a Dios ya sea en nuestra comunión o en el servicio.

Pero si Dios es con nosotros, ¿Quién contra nosotros? Porque el Señor no nos ha dado espíritu de cobardía y ha prometido que nadie nos arrebatará de su mano, ni aún nosotros mismos lo podemos hacer. Pero, ¿Qué significa que nos sustentará con la diestra de su justicia? No es más que Dios tiene preparada su mano derecha para sostenernos de acuerdo a la fidelidad de sus promesas.

Por lo tanto, el Señor es nuestra fortaleza, y aunque se junten enemigos y angustiadores contra nosotros, ellos tropezarán y caerán. Aunque un ejército de demonios acampen y levanten guerra en contra nuestra, no debemos temer, vivamos confiados porque Papá nos protege.

ESPERAR EN DIOS

“…pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. (40:31)

Hay un secreto de Dios para los cansados, los débiles, los que están fatigados y a punto de desfallecer. Este secreto está escondido en la palabra “esperar”, y digo escondido pues es lo que menos le gusta al hombre acostumbrado al servicio rápido.

La palabra “esperar”, viene de una raíz primaria que significa “atar, ligar”, también sugiere el confiar, aguardar. Es decir, la Biblia habla de un hombre que está atado a Dios, ligado a Él, confía en su palabra, éste es quien finalmente alcanzará la promesa de renovar sus fuerzas.
Pero, ¿Cómo puedo esperar en Dios? Esperar es guardar silencio ante Él, no alterarnos por motivo del que prospera en su camino, porque ciertamente ninguno de los que le esperan será confundido o avergonzado. El mismo Job, atribulado, cansado y casi vencido tuvo la convicción de decir: “He aquí, aunque él me matare, en él esperaré”. El salmista también da testimonio: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”.

Entonces, no hay razón para inquietarse cuando nuestras fuerzas parecen liquidarse. Quizás debemos examinarnos y preguntarnos también si lo estamos haciendo en nuestras propias facultades y no en las de Dios. En cualquier caso, recordemos que somos barro y estamos propensos a sufrir cansancio, abatimiento, agotamiento bajo este cuerpo mortal.
Pero la Escritura promete que si espero en Dios, es decir, si dejo mis cargas a Él y me recuesto en su seno, si sólo me limito a recibir la vitamina espiritual que me quiere dar; entonces, tendré nuevas fuerzas y echaré nuevo plumaje como lo hacen las águilas. Levantaremos alas por sobre todas las dificultades y afirmaremos nuestra esperanza hasta que por fin lleguemos al cielo.
Sólo esperemos, esperemos, tome aliento nuestro corazón y no desfallezca... porque un poquito más y el que ha de venir vendrá.

SACRIFICIO NO QUISISTE

“Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio”. (40:16)

El Líbano es una cadena de montañas situada a lo largo de la costa de Siria, al norte de Palestina. En la antigüedad el Líbano fue célebre por su enorme riqueza forestal. Sus finos cedros, cuya madera se empleaba en múltiples trabajos, se explotaron para el comercio. También se sacó del Líbano la madera para el segundo templo de Jerusalén.

Sin embargo, a Dios no le basta toda la madera de este lugar. Tampoco sus animales para el sacrificio. Menudo problema para el hombre que quiera satisfacer por su cuenta a un Dios exigente, pues escrito está: "sacrificio y ofrenda no quisiste…"
Pero hubo un solo hombre que dijo: "He aquí que vengo oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí". ¡Gloria a Jesucristo! El es nuestra esperanza, el único que pudo satisfacer la justicia del Padre, el único que se dio asimismo para llevarnos a Dios.

Por lo tanto, ya no andemos tras la madera del Líbano tratando de impresionar a Dios, sino refugiémonos en la cruz de Cristo, madero que pasó por el fuego del juicio del pecado que el Cordero sin mancha tomó en favor nuestro. Porque nada de lo que el hombre haga es suficiente para Dios, sólo Cristo es la única ofrenda que se ofreció a sí mismo una vez y para siempre, quien limpia nuestras conciencias de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo.

EL LLAMADO DEL RABI

Veamos lo que dice el texto de Juan 1:38 que alude el momento cuando Jesús empieza a juntar a sus primeros discípulos: “Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?”

Es bueno resaltar que en la época de Jesús, los judíos distinguían entre tres títulos honoríficos para sus maestros, a partir del título inferior eran: “rab” = maestro; “rabbi” = mi maestro;
y “rabboni” = mi gran maestro, mi señor.

Ahora bien, el vocablo “Rab” se usaba para describir al maestro o al jefe que enseñaba la doctrina de la Torá y velaba por la salud espiritual del pueblo. Luego, el término “Rabí” surgió como la forma respetuosa de dirigirse a alguien como “mi maestro”, frase más íntima que el discípulo empleaba. Este adjetivo luego llegó a ser aplicado a los doctores de la Ley.
Por último, el vocablo “Raboni” era una forma más elevada de “rabí”, significaba “Mi gran Maestro” y se usó para Jesús en Marcos. 10:51 y Juan 20:16.

Lo interesante aquí radica en la forma estricta y radical que empleaba un Rabi para seleccionar a sus discípulos. Recordemos que los niños judíos desde los 5 años eran adoctrinados en la Torá asignándoles un “ayo” que se encargaba de cuidar su educación. Luego, a partir de los 16, el niño judío ya ha debido aprenderse de memoria los 5 libros del Pentateuco y continuar su crecimiento espiritual, más todavía si pretendía ser un líder religioso.

Pero en este caso, el varón tenía que tener más que un deseo o conocimiento de la Torá, pues quien pretendía hacerse discípulo de un Rabí, era el maestro quien después de interrogarle acerca de sus conocimientos de la Escritura y de cómo lo vivía, quien finalmente le calificaba y decidía si dejaba que le siga y aprenda. Entonces, vemos que era muy, pero muy difícil hacerse discípulo de un Rabí, aparte que también se trataba de un privilegio que requería mucho esfuerzo intelectual y consagración.

Ahora fijémonos en el gran contraste del llamado de un Rabí con el llamado que hace Jesús. Sorprendámonos con las exigencias para seguir a un Rabí con lo que nos pide el Señor.
Contemplemos a Pedro. Él no era un tipo espiritual y mucho menos se sabía la Torá por completo. Pedro era un hombre del vulgo, sin letras, pero sin embargo, ¡Cómo sorprendió a los religiosos después de Pentecostés!
El mismo apóstol Pablo, perseguidor de la iglesia, instruido, ¿humanamente merecía ser llamado? Quizás humanamente hablando, Dios debió destruírlo por concertir la muerte de muchos de sus santos.
A continuación, meditemos en el hecho de que cuando Dios llama, no nos pregunta si hemos leído la Biblia entera o si hemos aprobado el curso de religión… porque “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”.

Surge entonces la pregunta ¿Se considera dentro de este grupo? ¿Dios le llamó en base a su sabiduría o a alguna habilidad? ¿Dios le salvó porque lo merecía?
Observemos la galería de los héroes de la fe y comprobemos que ninguno buscó a Dios por su propia fuerza o conocimiento, es más, ninguno en el mundo lo hace sin que antes Dios le haya llamado primero. Porque “Nosotros no fuimos los que le eligieron a él, sino que fue Dios quien nos eligió a nosotros”. (Juan 15:16)

A título personal, he sido uno de los inmundos que Dios levantó de entre los muertos, si es que saben de lo que les hablo. El Señor me salvó de la fosa mortal, me libró de hundirme en el pantano, afirmó mis pies sobre la roca que es Cristo y dio firmeza a mis pisadas.
Dios ha sido bueno conmigo, y ahora le amo porque él me amó primero. Y lo extraordinario es que no tuve que hacer nada para que Dios se fijara en mí, Él lo hizo todo y me guardará sin caída si permanezco en fe y obediencia…

¡Feliz el hombre que confía en el Señor!

DANIEL, VARÓN RADICAL

De muy jovencito fue llevado a un lugar despreciable para cualquier judío devoto. Un lugar donde pululaba la idolatría, el paganismo, la contaminación espiritual. Ese lugar era Babilonia y hasta ese entonces, constituía la primera potencia mundial.
La historia bíblica narra estos acontecimientos e incluso fuentes históricas citan que un tal Nabucodonosor capturó Jerusalén
en el año 597 a.C. y terminó con la destrucción del templo y la ciudad. Luego procedió a la deportación de muchos hebreos llevados a la fuerza a donde actualmente es el país de Irak.

Daniel, cuyo nombre significa “Dios es mi Juez”, israelita, de ascendencia real, fue llevado cautivo junto con sus amigos a este país como parte del botín caldeo y debido a su linaje y cultura, fue preparado para el servicio al rey.
Pensemos en lo que esto significó para el joven judío. El brusco choque emocional que experimentó al verse rodeado de hombres impíos, las burlas y vituperios que habrá recibido, el lenguaje áspero y la brutalidad de estos soldados babilonios que sin saberlo, guiaban a Daniel al lugar donde Dios le iba a revelar las más impactantes profecías.

Tal vez nuestro destino empiece de forma similar a la de Daniel. Venimos del cielo, cuando Dios nos tenía en su pensamiento y éramos sin recordar de ascendencia real. Luego, cuando entramos al mundo y fuimos creciendo y tomando conciencia, el sistema mundano nos arrebata y empieza a prepararnos para su servicio. El pecado se hace nuestro amigo y al final, terminamos abrazando el mundo, dándole gusto en todo lo que nos ofrece y convirtiéndonos en sus más fieles súbditos.

Sin embargo, no fue así para con Daniel. La Biblia enfatiza algo que debe ser como estandarte para esta generación. Un versículo que ninguno debería olvidar y menos aún evitar. La historia cuenta que a Daniel y sus amigos el rey les señaló ración para cada día, de la provisión de su comida y del vino que él bebía.
Pero Daniel “propuso en su corazón no contaminarse”…(Dan. 1:8) ¡Qué tal fidelidad al Dios que permitió ruina y destrucción a su amada Jerusalén! ¿Cuántos están dispuestos a permanecer fieles a su Señor en medio de pruebas y tribulaciones? ¿Cuántos pueden buscarle propósito a los designios del Altísimo?

Daniel “propuso en su corazón no contaminarse”… Esta frase encierra el principio elemental para la vida de todo cristiano: la santidad. No importa el medio donde estemos, tampoco el que procedamos de familias disfuncionales. Sólo importa el que cada uno proponga en su corazón renunciar a todo lo que intente separar nuestra alma de la dulce comunión con Dios.
Daniel lo entendió así. ¡Cuántos de estos hombres necesitamos en la iglesia de hoy! Jóvenes que se involucren en la obra, que no sólo digan heme aquí cuando se trate de reuniones y campamentos sino que con espada en mano, empiecen a arrebatar las almas cautivas hacia los pies de Cristo. Porque bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud, por eso necesitamos ver hombres radicales que se nieguen así mismos, que digan “No” a todo el arsenal satánico que para esta generación se ha armado más que nunca. Jóvenes que se abstengan de contaminar sus espíritus aunque el diablo les ruja día y noche.

Sin embargo, aquí también hay algo digno de resaltar. La Biblia dice que cuando Daniel dispuso en su corazón no contaminarse, Dios le puso “en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos”. En otras palabras, la firmeza de este joven fue premiada por Dios haciendo que aún sus detractores lo respeten y acepten su manera de honrar al Dios vivo. Y es que “cuando los caminos del hombre son agradables al Señor, aun a sus enemigos hace estar en paz con él”. (Prov. 16:7)
Aprendamos pues de Daniel, el profeta que desde su juventud se acordó de su Creador, el hombre cuya fidelidad y sagacidad, ocupó con éxito altos cargos en los gobiernos de Nabucodonosor, Belsasar y Darío. Porque el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre…

CUIDADO CON LAS MOABITAS

Cuando examinamos la historia de Israel, sobretodo su experiencia después del éxodo de Egipto, nos encontramos con una serie de actitudes que este pueblo adoptó, la mayoría equivocadas y que a la larga acarrearon ruina y juicio de parte de Dios.
Una de ellas fue la fornicación. Según el diccionario, la fornicación proviene del latín fornix, bóveda, aludiendo a los locales donde ejercían las prostitutas, y se refiere a todo tipo de relación sexual
no matrimonial. Pero entonces, ¿Cómo es que el pueblo de Dios, quien juró lealtad en el Sinaí y había de mostrase como una esposa santa, ejemplo para las naciones, cayó en semejante abominación?

La Biblia narra que cuando Israel todavía no entraba en la tierra prometida, hubo un falso profeta llamado Balaam a quien el rey de un país llamado Moab contrató para maldecir a los judíos. La razón era que ellos representaban un serio peligro para su nación. Pero, ¿Quién fue Moab? Moab significa en hebreo: La semilla del padre. Esta expresión en el argot criollo sería algo así como “de tal palo, tal astilla” ¿Y quién era el padre de Moab? Moab fue el hijo de Lot por su relación incestuosa con su hija luego de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Entonces, aquí podemos imaginar el perfil social y psicológico de esta raza que se caracterizó por sus inmoralidades y ritos paganos que incluso incluían sacrificio de niños.
El caso es que una y otra vez Balaam, el cual amó el premio de la maldad, tuvo la intención de injuriar al pueblo de Dios, pero no le fue permitido. Es más, hasta una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta.
Sin embargo, Balaam enceguecido por el lucro, no tuvo mejor idea que aconsejar al rey moabita una nueva táctica contra los hebreos, la que podemos parafrasear de la siguiente manera: “Mire su majestad, yo no puedo maldecir al pueblo de Dios y tampoco se me consiente hacerlo. Pero el Dios que ellos adoran es un Dios muy c
eloso y si ellos comienzan a adorar otros dioses, entonces su ira vendrá sobre su pueblo y los destruirá. Esto es lo que tú debes hacer. Toma unas cuantas de las jóvenes hermosas que están aquí y envíalas allá y que coqueteen con los jóvenes. Que los seduzcan hacia actos de fornicación. Y cuando todos estén involucrados en estos actos, entonces que las jóvenes tomen sus dioses y digan, Mira, éstos son los dioses que nosotras adoramos, ¿quieren acompañarnos y ver como adoramos a estos dioses? “
La historia registra que en muchos de los sistemas religiosos paganos, el acto sexual era una parte de la adoración, el mismo que era acompañado con ritos espirituales invocando rezos y otras fórmulas místicas. Así fue como finalmente los israelitas sucumbieron tal como lo narran las Escrituras: “… el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab…”. (Números 25:1).

Muchos creyentes están olvidando que esa es la misma estrategia que Satanás emplea hoy en día. Todos sabemos que él nos odia y si no fuera por la protección de Dios hace tiempo ya nos hubiera destruido. Entonces, ya que el enemigo no puede maldecir a los hijos de luz y tampoco les abate con las tribulaciones terrenales, saca su as bajo la manga presentándole alguna moabita que lo incite a caer en desgracia.

EL EJEMPLO DE LAS ACACIAS

Hay un punto que deseo considerar. Israel antes de caer, se encontraba en el último campamento previo a cruzar el Jordán desde Moab a Canaán. Ellos moraban en un lugar llamado Sitim, valle aparentemente bien conocido por su sequedad y su esterilidad pero donde había acacias, que eran un género de arbustos y árboles.

Las acacias fueron usadas para hacer varas de madera que estarían en el altar del tabernáculo (Ex. 27:6). Dicho sea de paso, algunas especies de Acacias poseen un sistema de defensa que algunos biólogos consideran como único en el reino Vegetal. En los lugares donde cada individuo se encuentra en contacto cercano con otro, si la acacia es abordada por un depredador de su follaje, la planta reacciona químicamente liberando sustancias que son de transferencia aérea y llegan a las otras plantas "dando la alarma". De inmediato, el resto de los ejemplares comienzan a segregar en sus hojas una sustancia tóxica (éstas cambian de color oscureciéndose) que es dañina en el contacto e ingestión y hasta mortal para el depredador animal (que puede ser por ejemplo un gran mamífero como una jirafa).

Sería muy oportuno tomar el ejemplo de la acacia como analogía, en este caso para Israel a quien le faltó utilizar este método de supervivencia. Sabido es que el diablo siempre apela en primer lugar a ese instinto vital del ser humano llamado deseo sexual, más si se trata de los varones. Sin embargo, ellos si querían podían evitar caer en fornicación pues tenían al Dios libertador quien juntamente con la tentación nos muestra la salida. Pero eligieron dejarse llevar por la concupiscencia, que después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Y eso fue exactamente lo que sembraron, pues cayeron en un día como veintitrés mil. En otras palabras, la inmoralidad de Israel hizo lo que todos los conjuros de Balaam no pudieron hacer: poner a Dios en contra de ellos.

LO QUE DICE LA CIENCIA

Conviene preguntarse entonces: ¿La moral se aprende o es una cualidad que tienen los seres humanos de nacimiento? Según los estudiosos, hay una teoría que se basa en los fenómenos de la percepción. Es decir, cada uno de nosotros tiene una forma de ver la realidad en función a sus prejuicios, experiencias, ideas y creencias, de modo que un mismo objeto o fenómeno puede interpretarse de manera diferente, según quien sea el que lo experimente.
A mi entender, y aunque sea tosco decirlo, en la actualidad la mayoría de hombres no piensan con el cerebro sino con las hormonas, y es que el mundo está rendido a los pies de la inmoralidad, el desenfreno y la pornografía.
A propósito, la pornografía es una actividad comercial que deforma, enferma y empobrece la psiquis humana. Madonna, la famosa cantante norteamericana, opinó acerca de esto último: "No creo que la pornografía degrade a las mujeres. Las mujeres que la practican quieren hacerlo. Nadie les está apuntando con una pistola a la cabeza. No entiendo cuál es el problema”. Pienso que aquí Satanás cuenta con una excelente ministra para su causa.

Además los psicólogos advierten que cuando un hombre observa pornografía, una sustancia química es liberada en el cerebro. Esta emisión causa una profunda impresión de la imagen visual al ser almacenada en la mente y queda una especie de huella o tatuaje. Luego, aún a pesar del tiempo, ocurre una liberación de esta sustancia aún mayor, haciendo de esta manera que la impresión de la imagen sea aún más marcada. Dichas imágenes pueden hostigar a un hombre por décadas.
No dudo de que las moabitas para seducir a los hebreos hayan empleado muchas artimañas no sólo de palabrería sino también por la indumentaria que lucían. Recordemos que todo culto pagano conlleva a la inmoralidad, tanto así que incluso el mismo rey Salomón, con toda la sabiduría que tuvo, al final cayó rendido ante los encantos moabitas al punto de construir un altar al dios perverso Quemós en Jerusalén (1 Reyes 11:7). Esto a pesar que Dios lo había advertido cuando dijo: “No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses”.

LAS MOABITAS AUN SIRVEN A SATANAS

Con suma tristeza y dolor he visto a hermanos caer en este mismo juego. Y no solamente jóvenes sino incluso varones aparentemente fuertes y maduros en la fe, pero igualmente sujetos a pasiones y deseos. Todo comienza muy sutilmente, luego el proceso continúa hasta llegar al punto de abandonar las responsabilidades ministeriales y finalmente dejar de congregar. Conozco a un amigo que el diablo zarandeó y sostuvo gran combate de padecimientos, sin embargo se mantuvo firme y me era de inspiración. Pero fue una moabita disfrazada de oveja quien se cruzó por su camino y ahora está envilecido, tanto que su aspecto ya no refleja paz. Ruego a Dios que si no es con palabras o advertencias sea la disciplina propicia para traerlo de vuelta al redil, pues es seguro que nadie lo arrebatará de la mano del Señor.

Por lo tanto, todo esto nos enseña que la amistad del impío es más peligrosa que su enemistad, pues nada puede vencer al pueblo de Dios si no son derrotados por la concupiscencia; ni puede herirlo un encantamiento, sino la seducción de los intereses y placeres mundanos. Sería bueno recordar que “el Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente” y que nunca olvidemos cómo y de dónde nos rescató y qué cosa nos dio como herencia por su gran misericordia. Hermanos, no perdamos el galardón, sigamos pacientes para obtener la promesa, porque: ¿Es de sabios menospreciar la gracia de Dios?
Consideremos que nuestros peores enemigos son los que nos llevan a pecar, pues ese es el mayor daño que una persona puede hacernos. Por algo Jesucristo advirtió: “… no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”.