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EL LLAMADO DEL RABI

Veamos lo que dice el texto de Juan 1:38 que alude el momento cuando Jesús empieza a juntar a sus primeros discípulos: “Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?”

Es bueno resaltar que en la época de Jesús, los judíos distinguían entre tres títulos honoríficos para sus maestros, a partir del título inferior eran: “rab” = maestro; “rabbi” = mi maestro;
y “rabboni” = mi gran maestro, mi señor.

Ahora bien, el vocablo “Rab” se usaba para describir al maestro o al jefe que enseñaba la doctrina de la Torá y velaba por la salud espiritual del pueblo. Luego, el término “Rabí” surgió como la forma respetuosa de dirigirse a alguien como “mi maestro”, frase más íntima que el discípulo empleaba. Este adjetivo luego llegó a ser aplicado a los doctores de la Ley.
Por último, el vocablo “Raboni” era una forma más elevada de “rabí”, significaba “Mi gran Maestro” y se usó para Jesús en Marcos. 10:51 y Juan 20:16.

Lo interesante aquí radica en la forma estricta y radical que empleaba un Rabi para seleccionar a sus discípulos. Recordemos que los niños judíos desde los 5 años eran adoctrinados en la Torá asignándoles un “ayo” que se encargaba de cuidar su educación. Luego, a partir de los 16, el niño judío ya ha debido aprenderse de memoria los 5 libros del Pentateuco y continuar su crecimiento espiritual, más todavía si pretendía ser un líder religioso.

Pero en este caso, el varón tenía que tener más que un deseo o conocimiento de la Torá, pues quien pretendía hacerse discípulo de un Rabí, era el maestro quien después de interrogarle acerca de sus conocimientos de la Escritura y de cómo lo vivía, quien finalmente le calificaba y decidía si dejaba que le siga y aprenda. Entonces, vemos que era muy, pero muy difícil hacerse discípulo de un Rabí, aparte que también se trataba de un privilegio que requería mucho esfuerzo intelectual y consagración.

Ahora fijémonos en el gran contraste del llamado de un Rabí con el llamado que hace Jesús. Sorprendámonos con las exigencias para seguir a un Rabí con lo que nos pide el Señor.
Contemplemos a Pedro. Él no era un tipo espiritual y mucho menos se sabía la Torá por completo. Pedro era un hombre del vulgo, sin letras, pero sin embargo, ¡Cómo sorprendió a los religiosos después de Pentecostés!
El mismo apóstol Pablo, perseguidor de la iglesia, instruido, ¿humanamente merecía ser llamado? Quizás humanamente hablando, Dios debió destruírlo por concertir la muerte de muchos de sus santos.
A continuación, meditemos en el hecho de que cuando Dios llama, no nos pregunta si hemos leído la Biblia entera o si hemos aprobado el curso de religión… porque “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”.

Surge entonces la pregunta ¿Se considera dentro de este grupo? ¿Dios le llamó en base a su sabiduría o a alguna habilidad? ¿Dios le salvó porque lo merecía?
Observemos la galería de los héroes de la fe y comprobemos que ninguno buscó a Dios por su propia fuerza o conocimiento, es más, ninguno en el mundo lo hace sin que antes Dios le haya llamado primero. Porque “Nosotros no fuimos los que le eligieron a él, sino que fue Dios quien nos eligió a nosotros”. (Juan 15:16)

A título personal, he sido uno de los inmundos que Dios levantó de entre los muertos, si es que saben de lo que les hablo. El Señor me salvó de la fosa mortal, me libró de hundirme en el pantano, afirmó mis pies sobre la roca que es Cristo y dio firmeza a mis pisadas.
Dios ha sido bueno conmigo, y ahora le amo porque él me amó primero. Y lo extraordinario es que no tuve que hacer nada para que Dios se fijara en mí, Él lo hizo todo y me guardará sin caída si permanezco en fe y obediencia…

¡Feliz el hombre que confía en el Señor!

DANIEL, VARÓN RADICAL

De muy jovencito fue llevado a un lugar despreciable para cualquier judío devoto. Un lugar donde pululaba la idolatría, el paganismo, la contaminación espiritual. Ese lugar era Babilonia y hasta ese entonces, constituía la primera potencia mundial.
La historia bíblica narra estos acontecimientos e incluso fuentes históricas citan que un tal Nabucodonosor capturó Jerusalén
en el año 597 a.C. y terminó con la destrucción del templo y la ciudad. Luego procedió a la deportación de muchos hebreos llevados a la fuerza a donde actualmente es el país de Irak.

Daniel, cuyo nombre significa “Dios es mi Juez”, israelita, de ascendencia real, fue llevado cautivo junto con sus amigos a este país como parte del botín caldeo y debido a su linaje y cultura, fue preparado para el servicio al rey.
Pensemos en lo que esto significó para el joven judío. El brusco choque emocional que experimentó al verse rodeado de hombres impíos, las burlas y vituperios que habrá recibido, el lenguaje áspero y la brutalidad de estos soldados babilonios que sin saberlo, guiaban a Daniel al lugar donde Dios le iba a revelar las más impactantes profecías.

Tal vez nuestro destino empiece de forma similar a la de Daniel. Venimos del cielo, cuando Dios nos tenía en su pensamiento y éramos sin recordar de ascendencia real. Luego, cuando entramos al mundo y fuimos creciendo y tomando conciencia, el sistema mundano nos arrebata y empieza a prepararnos para su servicio. El pecado se hace nuestro amigo y al final, terminamos abrazando el mundo, dándole gusto en todo lo que nos ofrece y convirtiéndonos en sus más fieles súbditos.

Sin embargo, no fue así para con Daniel. La Biblia enfatiza algo que debe ser como estandarte para esta generación. Un versículo que ninguno debería olvidar y menos aún evitar. La historia cuenta que a Daniel y sus amigos el rey les señaló ración para cada día, de la provisión de su comida y del vino que él bebía.
Pero Daniel “propuso en su corazón no contaminarse”…(Dan. 1:8) ¡Qué tal fidelidad al Dios que permitió ruina y destrucción a su amada Jerusalén! ¿Cuántos están dispuestos a permanecer fieles a su Señor en medio de pruebas y tribulaciones? ¿Cuántos pueden buscarle propósito a los designios del Altísimo?

Daniel “propuso en su corazón no contaminarse”… Esta frase encierra el principio elemental para la vida de todo cristiano: la santidad. No importa el medio donde estemos, tampoco el que procedamos de familias disfuncionales. Sólo importa el que cada uno proponga en su corazón renunciar a todo lo que intente separar nuestra alma de la dulce comunión con Dios.
Daniel lo entendió así. ¡Cuántos de estos hombres necesitamos en la iglesia de hoy! Jóvenes que se involucren en la obra, que no sólo digan heme aquí cuando se trate de reuniones y campamentos sino que con espada en mano, empiecen a arrebatar las almas cautivas hacia los pies de Cristo. Porque bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud, por eso necesitamos ver hombres radicales que se nieguen así mismos, que digan “No” a todo el arsenal satánico que para esta generación se ha armado más que nunca. Jóvenes que se abstengan de contaminar sus espíritus aunque el diablo les ruja día y noche.

Sin embargo, aquí también hay algo digno de resaltar. La Biblia dice que cuando Daniel dispuso en su corazón no contaminarse, Dios le puso “en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos”. En otras palabras, la firmeza de este joven fue premiada por Dios haciendo que aún sus detractores lo respeten y acepten su manera de honrar al Dios vivo. Y es que “cuando los caminos del hombre son agradables al Señor, aun a sus enemigos hace estar en paz con él”. (Prov. 16:7)
Aprendamos pues de Daniel, el profeta que desde su juventud se acordó de su Creador, el hombre cuya fidelidad y sagacidad, ocupó con éxito altos cargos en los gobiernos de Nabucodonosor, Belsasar y Darío. Porque el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre…

CUIDADO CON LAS MOABITAS

Cuando examinamos la historia de Israel, sobretodo su experiencia después del éxodo de Egipto, nos encontramos con una serie de actitudes que este pueblo adoptó, la mayoría equivocadas y que a la larga acarrearon ruina y juicio de parte de Dios.
Una de ellas fue la fornicación. Según el diccionario, la fornicación proviene del latín fornix, bóveda, aludiendo a los locales donde ejercían las prostitutas, y se refiere a todo tipo de relación sexual
no matrimonial. Pero entonces, ¿Cómo es que el pueblo de Dios, quien juró lealtad en el Sinaí y había de mostrase como una esposa santa, ejemplo para las naciones, cayó en semejante abominación?

La Biblia narra que cuando Israel todavía no entraba en la tierra prometida, hubo un falso profeta llamado Balaam a quien el rey de un país llamado Moab contrató para maldecir a los judíos. La razón era que ellos representaban un serio peligro para su nación. Pero, ¿Quién fue Moab? Moab significa en hebreo: La semilla del padre. Esta expresión en el argot criollo sería algo así como “de tal palo, tal astilla” ¿Y quién era el padre de Moab? Moab fue el hijo de Lot por su relación incestuosa con su hija luego de la destrucción de Sodoma y Gomorra. Entonces, aquí podemos imaginar el perfil social y psicológico de esta raza que se caracterizó por sus inmoralidades y ritos paganos que incluso incluían sacrificio de niños.
El caso es que una y otra vez Balaam, el cual amó el premio de la maldad, tuvo la intención de injuriar al pueblo de Dios, pero no le fue permitido. Es más, hasta una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta.
Sin embargo, Balaam enceguecido por el lucro, no tuvo mejor idea que aconsejar al rey moabita una nueva táctica contra los hebreos, la que podemos parafrasear de la siguiente manera: “Mire su majestad, yo no puedo maldecir al pueblo de Dios y tampoco se me consiente hacerlo. Pero el Dios que ellos adoran es un Dios muy c
eloso y si ellos comienzan a adorar otros dioses, entonces su ira vendrá sobre su pueblo y los destruirá. Esto es lo que tú debes hacer. Toma unas cuantas de las jóvenes hermosas que están aquí y envíalas allá y que coqueteen con los jóvenes. Que los seduzcan hacia actos de fornicación. Y cuando todos estén involucrados en estos actos, entonces que las jóvenes tomen sus dioses y digan, Mira, éstos son los dioses que nosotras adoramos, ¿quieren acompañarnos y ver como adoramos a estos dioses? “
La historia registra que en muchos de los sistemas religiosos paganos, el acto sexual era una parte de la adoración, el mismo que era acompañado con ritos espirituales invocando rezos y otras fórmulas místicas. Así fue como finalmente los israelitas sucumbieron tal como lo narran las Escrituras: “… el pueblo empezó a fornicar con las hijas de Moab…”. (Números 25:1).

Muchos creyentes están olvidando que esa es la misma estrategia que Satanás emplea hoy en día. Todos sabemos que él nos odia y si no fuera por la protección de Dios hace tiempo ya nos hubiera destruido. Entonces, ya que el enemigo no puede maldecir a los hijos de luz y tampoco les abate con las tribulaciones terrenales, saca su as bajo la manga presentándole alguna moabita que lo incite a caer en desgracia.

EL EJEMPLO DE LAS ACACIAS

Hay un punto que deseo considerar. Israel antes de caer, se encontraba en el último campamento previo a cruzar el Jordán desde Moab a Canaán. Ellos moraban en un lugar llamado Sitim, valle aparentemente bien conocido por su sequedad y su esterilidad pero donde había acacias, que eran un género de arbustos y árboles.

Las acacias fueron usadas para hacer varas de madera que estarían en el altar del tabernáculo (Ex. 27:6). Dicho sea de paso, algunas especies de Acacias poseen un sistema de defensa que algunos biólogos consideran como único en el reino Vegetal. En los lugares donde cada individuo se encuentra en contacto cercano con otro, si la acacia es abordada por un depredador de su follaje, la planta reacciona químicamente liberando sustancias que son de transferencia aérea y llegan a las otras plantas "dando la alarma". De inmediato, el resto de los ejemplares comienzan a segregar en sus hojas una sustancia tóxica (éstas cambian de color oscureciéndose) que es dañina en el contacto e ingestión y hasta mortal para el depredador animal (que puede ser por ejemplo un gran mamífero como una jirafa).

Sería muy oportuno tomar el ejemplo de la acacia como analogía, en este caso para Israel a quien le faltó utilizar este método de supervivencia. Sabido es que el diablo siempre apela en primer lugar a ese instinto vital del ser humano llamado deseo sexual, más si se trata de los varones. Sin embargo, ellos si querían podían evitar caer en fornicación pues tenían al Dios libertador quien juntamente con la tentación nos muestra la salida. Pero eligieron dejarse llevar por la concupiscencia, que después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Y eso fue exactamente lo que sembraron, pues cayeron en un día como veintitrés mil. En otras palabras, la inmoralidad de Israel hizo lo que todos los conjuros de Balaam no pudieron hacer: poner a Dios en contra de ellos.

LO QUE DICE LA CIENCIA

Conviene preguntarse entonces: ¿La moral se aprende o es una cualidad que tienen los seres humanos de nacimiento? Según los estudiosos, hay una teoría que se basa en los fenómenos de la percepción. Es decir, cada uno de nosotros tiene una forma de ver la realidad en función a sus prejuicios, experiencias, ideas y creencias, de modo que un mismo objeto o fenómeno puede interpretarse de manera diferente, según quien sea el que lo experimente.
A mi entender, y aunque sea tosco decirlo, en la actualidad la mayoría de hombres no piensan con el cerebro sino con las hormonas, y es que el mundo está rendido a los pies de la inmoralidad, el desenfreno y la pornografía.
A propósito, la pornografía es una actividad comercial que deforma, enferma y empobrece la psiquis humana. Madonna, la famosa cantante norteamericana, opinó acerca de esto último: "No creo que la pornografía degrade a las mujeres. Las mujeres que la practican quieren hacerlo. Nadie les está apuntando con una pistola a la cabeza. No entiendo cuál es el problema”. Pienso que aquí Satanás cuenta con una excelente ministra para su causa.

Además los psicólogos advierten que cuando un hombre observa pornografía, una sustancia química es liberada en el cerebro. Esta emisión causa una profunda impresión de la imagen visual al ser almacenada en la mente y queda una especie de huella o tatuaje. Luego, aún a pesar del tiempo, ocurre una liberación de esta sustancia aún mayor, haciendo de esta manera que la impresión de la imagen sea aún más marcada. Dichas imágenes pueden hostigar a un hombre por décadas.
No dudo de que las moabitas para seducir a los hebreos hayan empleado muchas artimañas no sólo de palabrería sino también por la indumentaria que lucían. Recordemos que todo culto pagano conlleva a la inmoralidad, tanto así que incluso el mismo rey Salomón, con toda la sabiduría que tuvo, al final cayó rendido ante los encantos moabitas al punto de construir un altar al dios perverso Quemós en Jerusalén (1 Reyes 11:7). Esto a pesar que Dios lo había advertido cuando dijo: “No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses”.

LAS MOABITAS AUN SIRVEN A SATANAS

Con suma tristeza y dolor he visto a hermanos caer en este mismo juego. Y no solamente jóvenes sino incluso varones aparentemente fuertes y maduros en la fe, pero igualmente sujetos a pasiones y deseos. Todo comienza muy sutilmente, luego el proceso continúa hasta llegar al punto de abandonar las responsabilidades ministeriales y finalmente dejar de congregar. Conozco a un amigo que el diablo zarandeó y sostuvo gran combate de padecimientos, sin embargo se mantuvo firme y me era de inspiración. Pero fue una moabita disfrazada de oveja quien se cruzó por su camino y ahora está envilecido, tanto que su aspecto ya no refleja paz. Ruego a Dios que si no es con palabras o advertencias sea la disciplina propicia para traerlo de vuelta al redil, pues es seguro que nadie lo arrebatará de la mano del Señor.

Por lo tanto, todo esto nos enseña que la amistad del impío es más peligrosa que su enemistad, pues nada puede vencer al pueblo de Dios si no son derrotados por la concupiscencia; ni puede herirlo un encantamiento, sino la seducción de los intereses y placeres mundanos. Sería bueno recordar que “el Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente” y que nunca olvidemos cómo y de dónde nos rescató y qué cosa nos dio como herencia por su gran misericordia. Hermanos, no perdamos el galardón, sigamos pacientes para obtener la promesa, porque: ¿Es de sabios menospreciar la gracia de Dios?
Consideremos que nuestros peores enemigos son los que nos llevan a pecar, pues ese es el mayor daño que una persona puede hacernos. Por algo Jesucristo advirtió: “… no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”.


APRENDAMOS DE LOS ANIMALES

El tema de la inteligencia siempre ha sido motivo de discusión por parte de distintas disciplinas, llámese psicología, medicina, filosofía. Antes, se había medido la inteligencia humana con ayuda de tests en que se ponía a prueba sus capacidades lingüísticas y numéricas. Ahora, también los analistas suman las habilidades del ser humano como son la comunicación afectiva y la inteligencia emocional.
Con respecto a los animales, siempre el hombre subestimó su ahora comprobada habilidad de resolución de problemas simples, razonamiento y lenguaje articulado, incluso en las más insospechadas especies.
Por ejemplo, estudios revelan que las palomas pueden poner por categorías imágenes en fotografías tan rápidamente como nosotros y los gorilas son capaces de hacer bromas incluso a sus instructores humanos. Otro ejemplo asombroso es el reportado por biólogos norteamericanos, que demostraron que los cuervos son capaces de resolver problemas utilizando herramientas, y luego aplicar este conocimiento en la solución de problemas diferentes.
En las Sagradas Escrituras, podemos confirmar lo que la ciencia asevera, ya que el Señor dotó de inteligencia a los animales y bestias, tal como lo expresó Eliú en Job 35:11 “(Dios)…Que nos enseña más que a las b
estias de la tierra, y nos hace sabios más que a las aves del cielo…”
Ahora bien, si escudriñamos estas palabras, apreciaremos que Dios instruye a las bestias de la Tierra y también da sabiduría a las aves del cielo. Pero, ¿Cómo les educa el Todopoderoso? ¿Qué ejemplos puede tomar el homo sapiens de hoy para darse cuenta que aún los animales pueden ser más inteligentes y obedientes con su Creador?



FIJEMONOS EN LOS POLLUELOS

La Biblia dice que cuando Jesús miró con tristeza a la ciudad Santa exclamó: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!...” (Luc. 13:34).
Resulta interesante pensar que Jesús se comparó a un ave de corral que en su instinto maternal quiso reunir a sus crías, esto es a los judíos, pero ellos no se dejaron. Ahora bien, la palabra que utiliza el original griego para “juntar” es Episunágo, adjetivo que deriva de la raíz sunágo que quiere decir: congregar, convocar.
En otras palabras, los pollos nos enseñan la responsabilidad y el ejercicio de reunirnos como iglesia que, cual gallina, nos cobija bajo sus alas para estar calientes en la Palabra y no enfriarnos. Por eso, con justa razón la Biblia añade: “no dejando de congregarnos” empleando incluso el mismo adjetivo griego episunagogué que señala específicamente a la reunión cristiana.
Sin embargo, hay una alarmante realidad que clama cada fin de semana: ¡Cuántos creyentes no añoran el domingo! Y lo que es peor, muchos que asisten a los cultos lo hacen movidos por la rutina y no por el Espíritu. Pocos son como el salmista que regocijado decía: “Yo me alegré con los que me decían: a la casa del Señor iremos.”


VEAMOS A LAS OVEJAS

Todos sabemos que son mamíferos rumiantes y domésticos cuya carne y leche son muy aprovechadas. Como dato adicional podemos decir que a la hembra se le llama oveja, al macho carnero y a sus críos cordero. Cuando meditaba en el hecho de que la Biblia compara a los hijos de Dios con ovejas me pregunté ¿cómo era posible que Jesús, quien es el Cordero (cría de la oveja) fuera menor que nosotros? De pronto saltó a mi mente la enseñanza de que la Escritura también le califica como “Hijo del Hombre”. Lo cierto es que Jesús se identificó con la raza humana de un modo genético. El Mesías, siendo en forma de Dios, se despojó de si mismo tomando la semejanza de hombre, y para esto tuvo que nacer del vientre de una mujer tal cual venimos todos.
Al margen de esto y debido a su mansedumbre y a su falta de defensa, la oveja en el contexto bíblico, se utiliza como símbolo literario de la persona sufrida y carente de cuidado y dirección. Jesús también usó este término para referirse a aquellos que tienen comunión con él: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen” (Juan 10:27). Quienes conocen de ganado, saben que las ovejas son sumamente tranquilas y gregarias, es decir tienden a agruparse en mandas o colonias, y así todos los individuos de un rebaño reaccionan de la misma manera y siguen fácilmente a sus guías. El pastor en este caso, es la persona que a diario las cuida y alimenta, quien le hace volver al redil si se pierde, venda a la perniquebrada y fortalece a la débil.
Por ende, los hijos de Dios, pueden y deben aprender de las ovejas en lo que respecta a la capacidad de seguir instintivamente a su guía reconociendo su voz. De paso, dicen los expertos que las ovejas no tienen una buena vista, pero si un buen oído.
Por lo tanto, como cristianos debemos afinar bien nuestros sentidos y no dejarnos arrastrar por otras voces que nos induzcan a rediles peligrosos. Cualquier santo consagrado se daría cuenta del tremendo arsenal con que cuenta el “enemigo” para desviarnos del propósito de Dios. Ya sea la radio, la televisión, el Internet y cualquier otro medio de insana distracción, puede resultar una piedra de tropiezo para quien anda husmeando por otros pastos. Seamos ovejas obedientes, reconozcamos la voz espiritual de Dios y dejémonos conducir por el Pastor de nuestras almas en cuyas manos estaremos siempre seguros.

OBSERVEMOS A LA PALOMA

En la Biblia se relata que Noé dejó ir una paloma desde el arca después del Diluvio para intentar encontrar tierra firme y que ésta regresó con una rama de olivo en el pico. El texto señala: “Y no halló la paloma donde sentar la planta de su pie, y volvió a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la faz de toda la tierra”. (Gen. 8:9).
Notemos que dice que la paloma no halló “donde sentar la planta de su pie”, término que parece contrariar la razón de lo que debería ser la “pata” de la paloma. A mi entender, y sustentando el hecho de que la paloma siempre ha sido figura del Espíritu Santo, en este caso, no deja de asombrarme la analogía de que la paloma no encontró un lugar seguro, pero sí lo halló cuando descendió sobre Jesucristo cuando fue bautizado en el Jordán.
Así también nosotros debemos descansar en los hombros del Señor. En este caso, la paloma nos instruye en el arte de saber dónde poner las plantas de nuestros pies. No como Lot, quien las puso en Sodoma y terminó arruinando su gris testimonio junto a su familia. Entendamos que hay lugares donde no debemos poner ni un dedo. Sitios, donde a pesar que podamos estar espiritualmente firmes, no es correcto explorar como los antros de mal vivir, las discotecas, los centros nocturnos, pues so pretexto de evangelizar podemos enredarnos con las más sucias artimañas del diablo. Pongamos nuestros pies sobre la roca quien enderezará nuestros pasos y hará que caminemos sobre tierra firme. Andemos con cuidado, dejándonos llevar por la instrucción de nuestro gran Pastor y Obispo de nuestras almas.

EL TURNO DE LOS CERDOS

La historia cuenta que cuando Jesús arribó a tierra de los Gadarenos, le salió al encuentro un endemoniado quien postrándose a sus pies exclamó a gran voz: “¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te ruego que no me atormentes”. Cerca de allí, en un cerro, había muchos cerdos comiendo. Los demonios le suplicaron a Jesús que los dejara entrar en esos animales, y él les dio permiso. Luego, los demonios salieron del hombre y se metieron dentro de los cerdos quienes corrieron cuesta abajo, y cayendo en el lago se ahogaron.
Aquí hay algunos puntos a considerar. En primer lugar, vemos que los demonios se postraron ante Jesús y le dijeron “Hijo del Altísimo”, cosa que jamás hicieron los líderes religiosos quienes teniendo las Escrituras no supieron reconocer a su Mesías.
En segundo lugar, dice que los cerdos estaban comiendo o apacentándose. Para la cultura judía, el cerdo era estimado como impuro pues es un animal que tiende a comer basura y estiércol. Ahora bien, quisiera relacionar esto con la amarga verdad que muchos cristianos aún conservan cerdos en su corazón. Y lo que es peor, los apacientan cada día, alimentándolos con dosis de pornografía, alcohol, malas juntas y toda la basura que el diablo generosamente les brinda.
Pero, siguiendo el relato, dice que cuando Jesús les permitió a los demonios meterse dentro de los puercos, ellos prefirieron suicidarse aventándose cuesta abajo y ahogándose. Aquí, el mensaje que nos enseñan los puercos es claro y contundente: hay que matar a los cerdos que aún tenemos en el corazón. Esto si queremos ser completamente libres y experimentar el gozo de quien no tiene de qué avergonzarse.
Bástenos la experiencia de Saúl que cambió la orden de Dios con respecto a lo que había de hacer con Amalec. Fue otro grupo de ganado que delató a este rey que prefirió dejar vivir a los cerdos en su corazón. Las palabras de Samuel lo evidencian: “¿Qué ruido es ese que siento de cabras y ovejas? ¿Qué ruido es ese que siento también de bueyes y burros?" (1 Sam. 15:14). Así, Dios se vale hasta de los animales para recordarnos que muchas veces somos desobedientes y no cumplimos a cabalidad lo que nos manda.
Por lo tanto… ¡matemos a esos cerdos que aún viven dentro! Menos todavía le alimentemos con imágenes, palabras o pensamientos impuros. Hay que ser radical en esto, pues si aún los cerdos nos enseñan que no quisieron convivir con los demonios, con más razón nosotros debemos imitar la lección.

EL CANTO DEL GALLO


¿Quién no recuerda al impetuoso Pedro asegurando que estaría dispuesto a morir por Jesús, pero a la hora de la prueba le negó tres veces? Bueno, he aquí el mismo Señor le profetizó que un simple gallo iba a descubrir el miedo que tenía en su corazón. La Escritura registra lo que Jesús le dijo: “De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces”. (Mt. 26:34).
Aquí resalto dos características que debemos aprender de esta ave de corral. La primera es que el gallo “cantó” lo que Dios ya había anunciado de antemano. Esto nos enseña a predicar sólo lo que Dios ya ha revelado y a no pensar más allá de lo que está escrito. Y es que hay muchos hermanos que “cantan” sólo por llamar la atención hablando cosas que Dios nunca les dijo. Sin embargo, el gallo fue fiel y prudente pues sólo se limitó a “hablar” conforme a las palabras del Señor (1 Pd. 4:11)
Segundo, el gallo supo esperar el momento preciso para cantar. No adelantó ni atrasó lo que Jesús le había dicho que haga. Esto debe enseñar al creyente a saber esperar en Dios, “Porque él dijo, y fue hecho; El mandó, y existió”. Cada promesa escrita ha de tener un cumplimiento a su tiempo y a nosotros sólo nos toca esperar, a pesar que esto nos cause angustia y desazón. Pero bien haríamos en recordar lo que dice el Espíritu “Esforzaos todos vosotros los que esperáis en el Señor, Y tome aliento vuestro corazón.

Y CONTINÚA EL DESFILE...

Podemos seguir haciendo desfilar a otras criaturas del Señor, todas con una enseñanza que compartir. Como la obediencia del pez que tragó a Jonás, a quien Dios preparó para el profeta y después ordenó le vomitara luego de tres días en su vientre. También tenemos el asna de Balaam quien nos enseña que tuvo temor de Dios y se resistió a llevar al profeta que iba contra Israel. Incluso, Dios le dice que si la burra no le hubiera esquivado, hubiera matado a Balaam y al animal hubiera dejado vivo. Enseguida tenemos al pez que halló el apóstol Pedro, y que Jesús ordenó retener una moneda en su boca y que nos recuerda pagar los impuestos. Otro animalito que nos educa son los conejos que ponen su casa en la piedra, simbolizando lo que el creyente debe hacer poniendo su fe sobre la Roca que es Cristo.
También tenemos a los insectos como las hormigas, pueblo no fuerte pero en el verano preparan su comida; las langostas y su ordenada forma de hacer cuadrillas; la araña que se las ingenia para vivir en los palacios del rey. En fin, como dice el proverbio, hay cosas que aún pasando por desapercibidas, resultan más sabias que los sabios.




A ZAPATAZO LIMPIO...!

El pasado 14 de diciembre, vimos con sorpresa cómo un periodista iraquí en plena conferencia de prensa en Bagdad, le arrojó sus zapatos, seguiditos, uno después del otro, a un desconcertado presidente Bush quien sólo atinó a driblar cuando los improvisados proyectiles pasaban por su cabeza.

Es conocido en el mundo árabe el significado de esto, pues el repudio ante este presidente es masivo en el medio oriente, tanto así que el enervado periodista ahora ha sido declarado una especie de héroe nacional en su país. Y es que lo que no pudieron hacer los misiles enemigos, casi lo consigue este hombre quien también ha hecho inspirar a los creadores de Nintendo para comercializar un juego donde cualquiera puede lanzarle zapatazos al cuestionado presidente norteamericano. Sin duda, al menos en los países anticapitalistas será un éxito.
Vale investigar entonces, acerca de los móviles de lo que viene a ser la ira. En la psicología contemporánea, cuando se manifiesta la ira cada persona sufre trastornos fisiológicos, se le afectan las vísceras, el sistema nervioso y desde luego la actividad cerebral.
La sangre se le agolpa, el corazón salta, la garganta se anuda, la boca se seca, el sudor brota, las manos y las piernas tiemblan. La persona iracunda sufre una contracción del rostro, acompañada de una mímica de estupor plena, como plena rabia. Al hablar aumenta el tono de voz aunada a una tendencia exagerada a la gesticulación y en la mayoría de los casos, termina cuando se genera una respuesta violenta ante el estímulo que la provocó. (datos según la UNESCO)
Ahora bien, la Escritura no es ajena a los que también han pasado por arrebatos emocionales. La Biblia es clara al respecto cuando dice que la ira no obra la justicia de Dios, quien es el único que debe juzgar lo que hacen los hombres. Sin embargo, aquí tenemos algunos ejemplos de personas que no pudieron controlar sus ímpetus, y terminaron como quien dice "dando de zapatazos"...

EL GOLPE DE MOISÉS

Este siervo de Dios se caracterizó por ser el hombre más manso de todos los que había sobre la tierra. Sin embargo, tuvo un serio incidente tal vez movido por el tremendo estrés que tuvo a causa de pastorear a un Israel duro de cerviz.
Vale saber que los expertos señalan que el estrés es un estado de tensión física, mental y emocional que de intensificarse puede desencadenar en arrebatos de ira y conductas violentas.
También es interesante
alegar que entre otros factores que pueden llevar al estrés está la exigencia laboral. Conociendo esto, tal vez podamos comprender a un Moisés que convivió 40 años con un Israel que sólo le trajo dolores de cabeza; un pueblo bastante incrédulo, asustadizo y murmurador, que incluso alzó su mano en sublevación contra su líder.
La historia cuenta que estando el pueblo sediento en el desierto, Dios le dijo a Moisés que golpeara a la roca para que les dé agua. Moisés no tuvo inconveniente en hacerlo y el agua comenzó a fluir a borbotones. Pero tiempo después, Dios le había dado la misma instrucción con la diferencia de que ya no golpeara a la roca, sino solamente que le hablara.
"Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias". (Números 20:11)
Esta actitud de no darle la gloria a Dios, le costó a Moisés el ser excluido de pisar la tan ansiada tierra prometida. Moisés golpeó la roca que ya había sido maltratada y he aquí tenemos una gran comparación en el hecho de que Cristo que es nuestra Roca, ya no puede ser golpeado o crucificado dos veces, pues él, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.
Toca al creyente de hoy, no volver a golpear la Roca de su salvación ni crucificar de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Recordemos que Dios no puede ser burlado, y quien esté viviendo en pecado creo que ya es hora de arrepentirse.
No olvidemos nuestra única Roca Eterna, pues si los israelitas no supieron quien les daba el agua y la Roca que golpearon, nosotros ya lo sabemos:
"y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo" (1 Cor. 10:4)

LA LANZA DE FINEES

El caso de este sacerdote, nieto de Aarón y sobrino de Moisés, es muy particular pues aquí nos habla de una ira producida por causa de un celo santo, aquél que se siente por la honra de Dios.
A propósito, la palabra griega "celos" viene de una raíz que significa "estar caliente, entrar en ebullición" cuya raíz hebrea designa el rojo que sale al rostro de un hombre febril.
El relato bíblico dice que Israel había caído en fornicación con las moabitas y a causa de ello vino gran mortandad en todo el pueblo. La escena ha debido ser muy dramática, pues la ira de Dios se había encendido y no había nada que justificara tal afrenta. Los príncipes de Israel fueron ahorcados por su complicidad mientras Moisés y un remanente de Israel lloraban en la puerta del tabernáculo, impotentes por este episodio vergonzoso.
De repente y en pleno velorio emocional, vino muy campante un varón de los hijos de Israel y trajo una madianita a la congregación. ¿Se imaginan? Todos endechaban, lloraban y se bañaban en cilicio justamente por causa de la inmoralidad con las moabitas y encima se presenta este insolente luciéndose con su “novia”.

La reacción de Finees no se hizo esperar. Se levantó de en medio de la congregación, y tomando una lanza en su mano, fue tras el varón de Israel a la tienda y los alanceó a ambos, al varón de Israel, y a la mujer por su vientre. (Números 25:7-8). ¡Oh cuanto fanatismo! dirían los agnósticos y quienes no conocen el carácter de nuestro Dios… ¡cómo creer en alguien que tolera la violencia! replicarían los “justos”, los que no necesitan médico como los Voltaire, Marx, Sartre, Dan Brown.
Sin embargo, Los celos de Dios no tienen nada que ver con las mezquindades humanas. Dios no tiene celos de algún "otro" que pudiera serle igual, pero exige una adoración exclusiva por parte del hombre, al que ha creado a su imagen. Porque reconociendo a Finees, la respuesta divina tampoco se hizo esperar pues cesó la mortandad hebrea. Incluso hizo alianza con él y su descendencia otorgándole el pacto del sacerdocio perpetuo en Israel. Es más, la actitud de este paladín de la causa divina le fue contada por justicia y mereció la honra del Todopoderoso. (Salmos 106:30-31)
A todo esto… ¿Cuánto de Finees tenemos los cristianos de hoy? No digo que andemos por ahí con una lanza tratando de ensartar a cuanto carnal encontremos, sino más bien, vayamos a tener un celo vivo por las cosas de Dios. Aquel celo que nos consuma y nos lleve a empuñar la espada de la Palabra, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.

EL FUEGO DE JACOBO Y JUAN

El caso de Juan y Jacobo viene a ser la antítesis a lo de Finees. La Biblia narra que cuando se acercaba el tiempo en que Jesús debía subir al cielo, decidió ir hacia Jerusalén. Entonces, envió a unos mensajeros a un pueblo de Samaria para que le buscaran un lugar donde pasar la noche. Pero la gente de esa región no quiso recibir a Jesús, porque sabían que él viajaba a Jerusalén. Ahora bien, cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron lo que había pasado, le dijeron a Jesús: "Señor, permítenos orar para que caiga fuego del cielo y destruya a todos los que viven aquí". (Juan 9:54)
Aquí nos encontramos con un tipo de celo que no procede de Dios sino de la carne. Resulta obvio que ellos actuaron resentidos por el rechazo de los samaritanos y si a esto agregamos el conflicto racial y social de ambos pueblos, los sentimientos encontrados no tardaron en salir a flote. Por algo vemos que a estos hermanos les acuñaron el apodo de “hijos del trueno”. Pero antes de ver espiritualmente su actitud por demás vehemente, quisiera reforzar el punto con una investigación realizada en la Universidad de California en los Estados Unidos que habla acerca de lo que sucede cuando la gente que es rechazada.
En este estudio se determinó que el rechazo produce la misma reacción en el cerebro que el dolor físico. Los investigadores utilizaron tomografías cerebrales de individuos para observar los cambios del cerebro que se activaban durante una situación de rechazo o discriminación. Los sujetos participaban de un juego de pelota electrónico con dos personas más que en realidad eran figuras animadas y controladas por la computadora, pero se les decía que eran personas en otras computadoras conectadas a dis
tancia. En el juego, de pronto, los otros dos "jugadores" decidían dejar fuera a la persona real o se burlaban de ella. La tomografía estableció que el área del cerebro, de la persona discriminada, que se iluminaba y movilizaba era la asociada hasta ahora al dolor físico. En consecuencia, esto demuestra que el "dolor del alma", el dolor psicológico, sacude al organismo igual que el dolor físico.
Ahora bien, imaginemos a Juan y Jacobo siendo rechazados por los “despreciados samaritanos” que no quisieron recibir a Jesús. La indignación subió por sus mentes, el orgullo nacional también atizó los ímpetus y movidos por el fanatismo tomaron este incidente como algo personal. No nos sorprende entonces la reacción que tuvieron al decir: “Señor, permítenos orar para que caiga fuego del cielo y destruya a todos los que viven aquí".
Los hijos del trueno en este caso, actuaron egoístamente para satisfacer su orgullo caído, el desprecio que recibieron, no sintieron verdadero celo por la honra de Jesús sino por la suya propia. Además osaron hacer uso de su autoridad apostólica para obrar mal contra aquellos a los que precisamente Jesús vino a salvar.
Creo que no son pocos los cristianos que han sentido un recelo camuflado cuando la gente los desaira y menosprecia después de intentar compartir ese especial tesoro que tenemos llamado evangelio. Muchas veces podemos desear en nuestro aún nocivo corazón el secreto deseo que “si no quiere convertirse entonces que se vaya al infierno”.
Juan y Jacobo querían orar para sancochar a los pobres samaritanos quizás tratando de emular lo que hizo el profeta Elías a vista de los sacerdotes de Baal. Pero aquí se trata de salvar almas, de orar más bien para que sea el fuego del Espíritu Santo que descienda y convenza de pecado a los incrédulos cuya reacción común es rechazarnos.
Además ¿quién nos dijo que el mundo nos iba a amar? Si el mundo odia a Jesús, pues con mucha más razón lo hará con sus discípulos. Vale la pena recordar que esta batalla no es nuestra sino del Señor, y de que nosotros sólo somos soldados de Cristo y no comandantes, sabiendo de antemano que la guerra ya fue ganada por él para nosotros.

TODOS PASAMOS LO DE JUAN

El temor se apoderó del pueblo. Aquél hombre de Nazareth, hijo de un humilde carpintero, había hecho algo sorprendente e insólito, algo que desde tiempos de los profetas no se veía.
Naín, pueblo en la llanura de Jezreel, fue el escenario de lo que hasta entonces era una marcha fúnebre. La madre lloraba a su único hijo quien era el sostén de los dos, pues también era viuda. El joven había fallecido y ella lucía desconsolada y llena de resignación. De pronto, súbitamente mudó su rostro lagrimoso a un estupor inesperado. El muchacho que era llevado en hombros, oyó la voz de mando del Señor de la vida: “Joven, a ti te digo, levántate”. Las emociones que allí se registraron han debido ser conmovedoras.
Para entonces, las multitudes ya seguían a Jesús y no era para menos. Sus discípulos crecían y como en todas partes, también sus detractores. Pero fue un grupo de los primeros quienes emocionados fueron a contarle lo que presenciaron a un viejo amigo que estaba en prisión. Su nombre, Juan el Bautista.

DUDAS QUE ATORMENTAN
La Biblia lo presenta principalmente como el heraldo de Cristo. Su ministerio fue muy breve, pero gozó de una gran popularidad. Fiel a su misión, reprochó a Herodes el tetrarca el adulterio en que vivía con la mujer de su hermano Felipe, razón por la cual fue puesto en prisión.
"Y llamó Juan a dos de sus discípulos, y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?" (Lucas 7:18-19)

Imaginemos lo que pasaba por la mente del mayor de los profetas, aquél cuyo nombre significa “la misericordia del Señor”, aunque bajo esas circunstancias no parecía revalidarlo. Efectivamente, el mismo Juan que anunció al cordero de Dios, el que tuvo el honor de bautizarle en el río Jordán y oyó la voz del Padre decir: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, ahora estaba inmerso en un mar de incertidumbre.
Recluido no solo entre fríos abarrotes sino también bajo el recuerdo de lo que un día fue su ministerio, el otrora voz en el desierto veía menguar su fe. Las cucarachas y ratones que pululaban a su alrededor, la humedad que calaba sus huesos, el trato hostil de los pretorianos, no eran más desalentadores que el no ver a su Salvador en acción.
Angustiado, deseoso de saber qué giro iba a tomar la obra de Jesús, quizá sintiéndose abandonado en tanto que otros estaban siendo socorridos, Juan envió a dos de sus discípulos para inquirir de Jesús si él era el Mesías prometido. Quizás esperaba que ese Cordero que un día él mismo anunció viniera a salvarle de las garras de Herodes.

¿ACASO NO PASAMOS LO MISMO QUE JUAN?

Te pregunto hermano si acaso no has pasado por algo similar. El Señor tuvo misericordia de ti, te adoptó y te puso ropas nuevas; te colmó de bendiciones y su paz rebalsó tu corazón. Entonces fuiste lleno de gozo, eras puro fuego, incluso predicabas y exhortabas con la Biblia en la mano; aconsejabas, reprendías, decías que todo se puede en Cristo. Todo iba bien, hasta que un día los recios vientos de la tribulación empezaron a golpear tu vida. Las ondas del cansancio y los afanes de la vida se pusieron de acuerdo para quebrantar tu fe.

Oras, ayunas, doblas tus rodillas y ves que tu situación no ha cambiado. Le pides a tus hermanos que intercedan por ti y los resultados son los mismos. Al parecer Jesús, a quien anunciabas y predicabas, se ha quedado dormido en la barca de tus problemas o simplemente no te hace caso. El diablo comienza a decirte que te equivocaste de Mesías y por ende, de religión. Los mundanos se ríen a tus espaldas y tu alma reniega porque a ellos les va bien.

Ahora te digo hermano, no te preocupes, Juan pasó por lo mismo. Sin embargo, nosotros tenemos una ventaja sobre él: tenemos el testimonio escrito de los apóstoles y la Palabra que nos dice: “no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese…”

Así que no necesariamente es tu falta de consagración, tampoco tu desobediencia, mucho menos que no vivas en santidad; tú puedes tener todo eso y aún así estar en la prisión de la angustia, en el foso de la desesperación. ¿Recuerdas a Daniel? El hombre hizo lo recto delante de Dios y sin embargo pasó una noche con los leones… ¿Y sus amigos? Ni qué decir. Su obediencia les costó pasar literalmente por el fuego y aún así no se quemaron.

Recuerda que no eres el primero ni el último que pasa por este valle de sombras. Pregúntale a Moisés en el desierto, a Elías en la cueva, a Pablo en Filipos, a Jesús en Getsemaní. Esos hombres, de los cuales no era digno el mundo, tenían que vagar por los desiertos y las montañas y refugiarse en cuevas y escondites. Anduvieron errantes de una parte para otra, sin otro vestido que pieles de corderos y de cabras, faltos de todo, oprimidos, maltratados.

Por lo tanto, no te guíes por las circunstancias ni las emociones, estas son engañosas como tu propio corazón. Pon tu fe en el testimonio de Jesús, en su bendita Palabra viva y eficaz, en el hecho real e histórico que en verdad él es nuestro reposo. Porque… ¿A dónde iremos si solo Él tiene palabras de vida eterna?

LA COPA, LA CORONA Y LA CRUZ

LA COPA

Getsemaní era un huerto muy conocido ubicado al pie del monte de los Olivos, frente a Jerusalén. Su nombre en arameo, según los eruditos, significa lagar de aceite, esto es, la piedra rectangular que servía para chancar las uvas y el olivo extrayendo así su fluido. Resulta significativo pensar que fue en este lugar donde Jesús «estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra» (Lc. 22: 44). Por lo cual, injustamente, el hijo de Dios estaba a punto de sufrir todo el peso del «lagar de nuestras transgresiones», porque ciertamente «herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados». Evidentemente, esto fue lo que le hizo exprimir hasta la última gota de su sangre.
Y de aquello, Getsemaní fue sólo el comienzo. Porque nuestro Señor estaba a punto de beber la copa más amarga y abominable que jamás probó hombre alguno. La escena puede resultar difícil de entender. Como todo lo que Dios hace, inimaginable, inexplicable, pero después de todo, admisible para nuestra fe. Veamos lo que dice Lucas al respecto: «Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle» (Lc. 22:41-43)
Ahora bien, ¿Qué cosa contenía ese cáliz que Jesús estaba a punto de tomar? Sin duda, el pecado de todas las generaciones. Ahí se concentró nuestras vilezas pasadas, presentes y futuras. Todo el expediente asqueroso que nunca hubiéramos podido limpiar ni con la más perfecta obra. Esta copa pues, no era algo agradable, sino el más repugnante sorbo que el Padre hizo beber a su Unigénito. Sólo Jesús pudo ver su contenido, y sólo él pudo tomarla por amor a su creación.
LA CORONA
La corona siempre ha sido sinónimo de grandeza, opulencia y dominio. Pero la que usó Jesús antes de su crucifixión no fue precisamente esa, sino más bien la diadema más humillante que lució rey alguno. Al respecto, Juan. 19: 1-3 narra: «Así que, entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura; y le decían: ¡Salve, Rey de los judíos! y le daban de bofetadas».
Ahora, teniendo este versículo en mente, pasemos a la experiencia de Abraham, en Génesis, cuando estuvo a punto de sacrificar a Isaac. Revisando la Escritura, podemos alegar que el muchacho fue una figura de Jesús, al menos en dos puntos. Isaac, al igual que nuestro Señor, al parecer estuvo de acuerdo con su propio sacrificio, ya que si consideramos que era joven y quizá robusto, pudo tranquilamente contender con un anciano de más de cien años. Segundo, Abraham iba a hacer lo que un día Dios realizaría con su Unigénito, es decir, inmolarlo. Pero la sangre de Isaac era pecaminosa y no podía salvar al mundo con ella.
Lo interesante es que Abraham, luego de oír una voz del cielo que le hizo detener el cuchillo, alzó sus ojos y miró, «... y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo». (Gn. 22:13). Ahora bien, consultando algunos libros, el zarzal era una planta espinosa que mayormente habitaba en regiones áridas y desiertas. Algunas otras eran zarzas, matas, pequeños árboles, yerbajos y hierbas punzantes. Crecían abundantemente en Palestina y en otras tierras bíblicas. La sincronía del caso es que este zarzal era producto del juicio de Dios cuando Adán pecó: «maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo». (Gn. 3:18).
Lo que estoy tratando de decir es que de la forma en que Abraham halló al carnero coronado entre espinos, así también Jesús permitió que un objeto de maldición fuera puesto sobre su cabeza. En otras palabras, fueron nuestros pecados lo que hicieron que el Hijo de Dios usara esta diadema que por demás fue dolorosa.

LA CRUZ

La cruz siempre ha sido símbolo del cristianismo en todas las iglesias. Sin embargo para Jesús fue sinónimo de castigo y ejecución. La historia dice que los fenicios ya practicaban la crucifixión, y más tarde los romanos la aplicaron ampliamente. Sin embargo, Esdras 6:11 pareciera sugerir que ya en esa época era conocida, tal vez traída de los salvajes Asirios.
La cruz, entonces, es símbolo de vergüenza y humillación, como así también de la sabiduría y la gloria de Dios reveladas por medio de ella. Roma la utilizó no solamente como instrumento de tortura y ejecución sino también como cumbre vergonzosa, reservada para los peores y más bajos criminales. Para los judíos era señal de maldición, por eso tal vez aún no aceptan al Mesías, más esta fue la muerte que padeció Jesús y por la cual clamó la multitud.
Quizá algún día vez pueda comprender el amplio significado de la cruz, la razón que va más allá del entendimiento de saber qué cosa Dios vio en mí para hacer lo que hizo. Sé que fue por su amor y misericordia, pero sinceramente es tan maravilloso y conmovedor que no cabe en mi mente. Porque toda carne es hierba, y toda gloria como flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita, así soy yo delante de mi Señor.
Más por medio de Cristo, Dios reconcilió consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, «haciendo la paz mediante la sangre de su cruz». (Col. 1:20).
Al respecto, hay un asombroso versículo que me resulta evangelístico a pesar que está en el A.T. Se trata de una mujer que le insinuó a David para que amiste con su hijo Absalón. Recordemos que ambos estaban distanciados por lo del asesinato de Amnón. El caso es que el rey no proveía la forma para que su hijo volviese del destierro y esto alimentaba odios y asperezas. Veamos lo que le dijo la mujer: «Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse; ni Dios quita la vida, sino que provee medios para no alejar de sí al desterrado». (2 Samuel 14:14).
¡Lo ven! Dios es el que proveyó de un cordero para traernos a su presencia. «Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron...» Él nos amó primero y fue a nuestro encuentro, no para castigarnos sino para regalar salvación; no para darnos lo que merecíamos, sino para traernos paz y vida eterna. Porque es el hombre quien se reconcilia con su Hacedor, no al revés, puesto que fuimos nosotros los que le fallamos. ¡Gracias Señor por tu don inefable!


LA NOVIA DURMIENTE

Hay una triste realidad en las iglesias. Muchos creyentes no están caminando bien con Dios, han dejado atrás su primer amor y viven un evangelio a gusto y conveniencia. Quizás olvidaron lo que significa «obediencia», pues toman la libertad en Cristo como pretexto para pecar. Incluso son un peligro espiritual para los santos, sin contar que su desamor infecta a los nuevos discípulos.
Otros, envueltos en capullo religioso, de esos que no recogen sino desparraman, creen estar firmes y se resisten a corregir su porte fariseo. Estos son como fieras ondas del mar que espuman confusión, asisten a los cultos e incluso sirven a la obra del Señor, pero se han olvidado del Señor de la obra. Solamente quieren ser vistos y reconocidos mostrando siempre el dedo acusador a los que intentan vivir en la gracia.
Por otro lado, hay hermanos que disponen de tiempo, preparación, capacidad y dones, pero no tienen interés en servir a su Señor. Prefieren alzar las manos y cantar «usa mi vida...usa mi vida», para luego calentar la banca y ser meros espectadores de los que siembran y cosechan. Es que su gélido corazón no les permite remangar sus ganas y balbucean excusas para calmar su conciencia. Su alma legañosa no entiende que está llamado a ser siervo de Dios y no de sí mismo. Alguien dijo: «El hombre que sólo posee una religión de forma, no sirve a Cristo, ni es guiado por el Espíritu Santo, es como la sal que ha perdido su sabor».
También es lamentable ver iglesias complacientes que permiten que el templo se convierta en salón de tertulias, pasatiempos y hasta en lugar de citas amorosas o para arreglar negocios seculares en vez de tenerlo para casa de oración y culto espiritual. No es novedad ver que al iniciar un servicio muchos llegan tarde, conversan o hacen bromas, mostrando total irreverencia y dando un pésimo ejemplo a las visitas.
Todo esto es demasiado serio para dejarlo así. No basta hacer una profesión de fe a Cristo, sino debemos tener el vivo deseo de servirle tomando una vida cristiana activa, ardiente y santa. Tal vez no hagamos cosas malas, pero se está perdiendo el celo que nos consuma y el fervor en las cosas del Señor. ¿Acaso el diablo está ganando terreno engañando aún a los escogidos de Dios?


¿A DÓNDE VAS, JONÁS?

Lo que hizo Jonás es el mejor ejemplo de una iglesia que huye, duerme y es avergonzada por el mundo. Es por todos conocida su historia. No obstante, su primera aparición en las Escrituras fue grandiosa, eficaz y acaso envidiada por algún profeta. Vemos que en 2 Reyes 14.25, es identificado como el varón que profetizó durante los días del rey Jeroboam II, diciendo que Israel tomaría posesión del territorio de Siria que tradicionalmente era parte de la tierra prometida. Este mensaje le dio fama y popularidad. Imagina a todo el pueblo saludarlo y darle la palmadita de aprobación. ¡Ah... qué bueno es anunciar cosas agradables!
Pero cuando Dios llamó a Jonás para pregonar contra la ciudad de Nínive, capital del Imperio Asirio, el profeta se rebeló. ¡Qué cosa...! -arguyó Jonás-, «si la ciudad de Nínive va a ser destruida, pues que mueran esos paganos.» Empero, la historia nos dice que los asirios eran crueles y despiadados, que no les importaba sepultar vivos a sus enemigos, desollarlos o ensartarlos en postes afilados a pleno sol.
Sin embargo el plan de Dios era que esa gente se arrepienta, y por eso envió a este profeta cuyo nombre significa «paloma». Más a esta avecilla sólo le gustaba volar por campos floridos, predicar lo fácil y bonito por lo que esta misión le era fastidiosa.
Hay razón para cotejar a Jonás con el típico cristiano moderno que ve a un mundo embarrado de pecados, pero que prefiere fruncir el ceño y dejarle a otro la faena. Sólo bosteza y se sienta debajo de su calabacera esperando ver el fuego del juicio de Dios. Como a muchos, a él no le importa la gente, ¡que se vayan al infierno! proclama en su hedionda falta de misericordia. Son como Jacobo y Juan quienes al ser rechazados en Samaria, quisieron ver a esa gente como chicharrón para camote. Más Jesús les reprendió diciéndoles «Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas».

LA NOVIA ESCONDIDA

He aquí Jonás es la iglesia que se esconde, huye y se lava las manos. Él descendió a Jope, descendió a las entrañas de la nave, descendió al mar y al vientre del gran pez. La desobediencia siempre nos lleva hacia abajo. Así que no pienses que tu dejadez es comprensible, pues aunque todo te dé resultados, eso no quiere decir que Dios se regocija en tí. Oye bien creyente rebelde, porque a Jonás el barco parecía esperarle y tenía el dinero para pagar el pasaje. ¡El varón estaba tan tranquilo que incluso se echó a dormir en medio de la tormenta!
El no sentirnos culpables no siempre es señal de que estamos actuando bien. Como uno puede negar la realidad, no podemos medir la obediencia por lo que sentimos. Por eso es importante que nos comparemos con las normas divinas. Porque mientras Jonás estaba huyendo de Dios, la conciencia no le molestaba. Por tanto, examínate y evalúa cuán solícito eres para con Dios. Sí, ya sé que te ama sin condiciones y que no te hará más salvo servirle, pero al menos dígnate en hacerlo sonreír.

LA NOVIA QUE DUERME

Jonás también es la iglesia durmiente. Como muchos que se refugian en el sótano del mundo, bostezan y cierran los ojos. Les parece cosa ligera el mandato de Cristo de predicar el evangelio a toda criatura.
Porque fuera de tu aureola hay un mundo que se ahoga, como esos pobres tripulantes que estaban desesperados, ultimando recursos y luchando con mucho esfuerzo por mantenerse a flote. Más viendo al holgazán le increparon: «¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos».
¡Qué vergüenza Jonás! Tú que eres ministro de Dios, que tienes su palabra en tu corazón y fuiste salvo por gracia, ahora... ¡Te das el gusto de dormir! Tú que miras cómo los incrédulos se angustian y tratan de salir adelante en las tormentas de su vida; claman a otros dioses, unidos aún en su error, te atreves a ser peor que ellos.
Por eso no pierdas la visión de los que aún están en tinieblas y viven sin Dios y sin Cristo. Unete a un ministerio y proclama su amor, su perdón y salvación. No te engañes, ni inventes pretextos para no cumplir con la gran comisión.

LA NOVIA AVERGONZADA

No esperes que el mundo te avergüence y te grite: ¿Qué tienes, dormilón?... Mira como estamos, muertos espiritualmente, trabajados, cansados, sin esperanza y aún pecando y haciendo pecar. Te vemos ir a la iglesia, que cargas tu Biblia y nos miras de reojo; pero no nos dices cómo salvarnos, ni das testimonio de lo que Jesús hizo por tí...¡sólo sonríes, saludas y callas...!
Veamos un momento a Pablo. El apóstol era enviado en un barco a Roma, no como ilustre visitante sino encadenado por «transtornar el mundo». Era un rehén para la gente, pero un liberto para Cristo. El relato dice que una fuerte tempestad en altamar hizo perder toda esperanza de vida en la nave. Los tripulantes estaban asustados, morirían ya sea ahogados o por falta de alimento. Más el pequeño varón de Dios estaba con ellos y les ayudaba en medio de su tribulación, animándoles, exhortando a no dejarse vencer. ¿Y sabes por qué? Porque Pablo tenía amor en su corazón. Quería ver a sus enemigos salvarse no sólo de ese incidente sino del poder de las tinieblas. Tenía la misma misericordia con la que Cristo un día le había aceptado. «No se desanimen - decía-, porque ninguno de ustedes morirá... anímense, porque tengo confianza en Dios...»

¡ DESPIERTA CRISTIANO !

Hermano, sabes muy bien que un avivamiento hará que los hogares cristianos sean llenos del Espíritu Santo y tus vecinos se darán cuenta de ello, porque un incendio llama la atención de la gente. Ora y pídele al Padre que encienda tu pasión por compartir la palabra, no importa que te digan loco, mejor aún porque agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.
Recuerda que el corazón de un hijo de Dios puede ser una tumba o un templo vivo; puede ser tierra fértil o tierra estéril. Así que vigoriza tu fe y vida cristiana, ya que es claro que soplan fuertes vientos de doctrinas falsas y erróneas. Hay corrientes de ideologías materialistas, socializantes y humanistas, nuevos evangelios que quieren movernos de la Roca. Así que si deseas que tus sueños de paz se hagan realidad... ¡Levántate dormilón!

CON UN PIE EN SODOMA


En un mundo donde la palabra "globalización" es de asunto obligatorio, el hombre lucha por obrar según su propio albedrío y no de acuerdo con la colectividad. No obstante y sin darse cuenta, se deja amoldar por ella misma quien sutilmente lo atrapa e influye en sus hábitos y decisiones.
Vale decir que una persona siente, piensa y actúa diferente al participar en un grupo social, de manera que termina contagiándose y asumiendo posturas que no haría si estuviera solo.
Por ejemplo, cuando asoma un ídolo popular todos sus fans enloquecen y darían la vida por él, más luego ellos mismos se jalan los pelos por otra "estrella". También la moda del "ombligo afuera" traída de norteamérica, fue rápidamente adoptada por miles de jovencitas que ahora lucen polos cortos y ceñidos. Actualmente, la usanza del "aretito" en los muchachos viene siendo un boom en los barrios de la ciudad. Así puedo citar otras tendencias como los tatuajes, la música sexual, el orgullo marica y cuanto estilo concebido en el infierno, hacen que el ser humano parezca en verdad oriundo de una ameba.
Surge entonces la pregunta: ¿Por qué es tan difícil diferenciarse del resto? Es obvio, si observamos fríamente nuestro entorno, que la aparición de nuevas necesidades y la fantasía de satisfacerlas llaman continuamente a la puerta. Es así como la moda, los estilos, la música, y toda diversión mantiene nuestra mente cautiva e indulgente, de modo que la verdadera personalidad queda relegada.
Tal fue el caso de Lot, sobrino de Abraham. Su ojo absorto por el brillo mohoso de este mundo lo hace digno representante del cristiano desarmado de hoy, el que vive por vista y no por fe, el que ignora el poder del Espíritu Santo y subestima las maquinaciones del diablo.
De paso, resulta alarmante ver iglesias infectadas con la misma corriente que arrasa a los inconversos. Yo les llamo congregaciones mutantes, convertidas en religión mundana que a su vez engendra mundanos religiosos. Mortifica saber que muchos servicios incluyen ritmos carnales en su alabanza y permiten cierto liberalismo entre sus miembros haciendo que el nombre de Dios sea blasfemado entre los paganos. Así las congregaciones se adecúan a los tiempos modernos y se someten a las demandas y exigencias de los que viven impíamente.
Es evidente que se está olvidando aquello de "No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo" y lamentablemente Lot no pudo ser la excepción. Veamos lo que la Biblia registra de él: "Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán; y se fue Lot hacia el oriente, y se apartaron el uno del otro. Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera. (Gn. 13:11-13)

EL MUNDO TIENE SU CAUTIVADORA SEDUCCIÓN

Es obvio que Lot en vez de marchar con la luz, avanzó hacia las tinieblas. El valle del Jordán resultó ser muy atractivo y al principio parecía una sabia decisión: buen pasto y agua abundante. Pero no todo lo que brilla es oro, porque.Lot no se dio cuenta que la influencia pecaminosa de Sodoma originaría tentaciones tan fuertes que afectarían a toda su familia.
Digamos que algo similar ocurrió con Esaú. Su hermano Jacob aprovechó su cansancio para ofrecerle un suculento plato de lentejas, y éste cayó en la atracción. El autor de Hebreos describe a Esaú como fornicario y profano, porque con una sola comida despreció su primogenitura. Perdió la bendición para siempre y aunque la procuró con lágrimas fue desechado.
No dudo en afirmar que así actúa el diablo en muchos cristianos hoy en día. Los agarra "cansados" pues éstos confían en su propia fuerza y les invita un apetitoso menú que por cierto resulta agradable, pero al final termina en duras consecuencias.
Sin embargo, no fue así para con Daniel. Este "varón muy amado" rehusó comer del banquete del rey de Babilonia, aún tratándose de que su vida estaba en peligro. Esto porque tuvo una fuerte convicción acerca de la palabra de Dios y no quiso contaminarse, dándonos ejemplo de que una cosa es tener convicción y otra es vivir en base a ellas. Fue así como su influencia piadosa llevó a Nabucodonosor a reconocer al Señor como el verdadero Dios. Te pregunto: ¿Estás actuando conforme a lo que crees, es decir, la fe que proclamas sintoniza con tus obras?
Es evidente señalar que las mismas fuerzas que alejaron a Lot de Dios, operan hoy en muchos creyentes. Lo trágico es que no se dan cuenta y peor aún se impacientan si alguien trata de amonestarles. Al margen de esto, debemos tener mucho cuidado pues es obvio que lo que vemos puede ser muy cautivador, lujoso, bonito, pero recuerda que "nada de lo que hay en el mundo—los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida— proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre". (1 Jn. 2:16-17).

EL MUNDO TIENE SU PODER CONTROLADOR

Satanás no captura a los santos súbitamente. Entran poco a poco en su puerca trampa. Con Lot el proceso empezó cuando adoptó a Egipto como su estándar y empezó a andar por vista en lugar de por fe. La Biblia dice que "alzó sus ojos y vió toda la llanura del Jordán", lo que indica en primer lugar que comenzó a perder dirección en su vida.
Luego, perdió decisión pues "fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma", de manera que su conciencia se fue oscureciendo. Lo que antes le asombraba ahora le divierte, el homosexualismo que Dios abomina y que ahora es motivo de orgullo, para Lot pasó a ser algo tolerable. Si hasta tuvo un cargo importante en esta ciudad (19:1), es decir se convirtió en líder de este pueblo perverso.
En tercer lugar, Lot incurrió en la desonestidad. Él pensó que Sodoma era un lugar de paz y protección; sin embargo, ¡resultó ser uno de guerra y peligro!, pero no quizo irse de allí. Prefirió a la gente del mundo antes que a su piadoso tío, y las casas de Sodoma antes que a las tiendas de Dios. En otras palabras, Lot se mudó a Sodoma y ésta se mudó a su corazón.

EL MUNDO TIENE SU CORRUPTA POLUCIÓN

Cuando Lot se marchó a Sodoma, perdió la protección del «Juez de toda la tierra» y tuvo que sufrir las consecuencias. Él tuvo que cosechar amargamente todo lo que sembró a pesar que Dios, por interseción de Abraham, envió angeles para advertirle del juicio contra esa ciudad. Es ahí cuando Lot, muy asustado, avisa a sus yernos: «¡Levantaos, salid de este lugar, porque Jehová va a destruir esta ciudad!». Pero ellos pensaron que su suegro bromeaba. ¡Qué patético! Lot había perdido toda influencia piadosa y no tenía crédito ni en su familia. Su asqueroso testimonio no sirvió para salvarlos, porque aún predicándoles ellos se burlaron en sus narices.
Francamente, me apena pensar que la familia de Lot está en el infierno. Él tuvo mucho que ver con eso porque no fue la cabeza que enseñó a vivir en obediencia y temor a Dios. Condujo y expuso a su familia a la degradación moral y espiritual. Cayó tan bajo que consintió que sus hijas se mezclaran con la sociedad sodomita, imagino que hasta fueron porristas en la escuela. ¡Hasta quizo entregarlas para ser violadas!, aunque después ellas mismas lo violaron a él.
Su esposa, acostumbrada al lujo y al roce con la alta alcurnia, tenía el corazón tan arraigado en Sodoma que no le importó la advertencia del ángel de no mirar hacia atrás y se convirtió en estatua de sal. Así se volverá la sal del cristiano que añora su vida mundana: tiesa, insípida, que solo sirve de adorno y luego para ser hollada.
Además, Lot también pagó precio en el área de su fe pues vivió una vida míscera en su comunión con Dios. No veo en las Escrituras que el Señor le hablare directamente, todo lo contrario a Abraham quien sí tuvo compañerismo con su Creador.

EL MUNDO Y SU COSTOSO PRECIO

Dios mandó fuego y azufre sobre Sodoma y el pobre Lot salió con la cola de su abrigo humeando. Todas sus posesiones, trabajos y relaciones sociales, se trocaron en cenizas porque él construyó en la arena y edificó sobre heno y hojarasca. Tal como muchos hermanos que viven un evangelio «light», cuyo corazón está congelado y su espíritu seco, dejando invadir sus mentes con el estiércol del abismo. Es por demás decir que sus obras finalmente se quemarán, sufrirán pérdida, si bien serán salvos...¡pero qué dramática y vergonzosa forma de serlo!
Por tanto, no sólo debemos decir no al pecado, sino boicotearlo, no tener compasión de él, marcar diferencias que hagan notoria nuestra posición. Molesta ver que mientras el mundo se enorgullese de sus cantinas, la pornografía, las discotecas y toda su inmoralidad, nos estamos quedando de brazos cruzados. Entendamos que esta corriente querrá dominar nuestra familia si es que no lo ha hecho ya.
Presta mucha atención: el cascabel ya no está en el parque zoológico, ahora se encuentra en tu propio jardín tratando de envenenar a tus niños. Lo que quiero decir es que hay padres insensatos que permiten a sus hijos hacer cosas abominables, amistades que le enseñan a pecar, mañas y juegos nada inocentes bajo el rótulo de «diversión sana». En este país la religión no es más que objeto de reverencia barata y chistes profanos. Los medios de comunicación han llegado al fondo del basurero, y si aún no ves al diablo metido en esto es porque estás caminado en su misma dirección.
El despertador de Dios ha sonado, no aprietes el botón para seguir durmiendo... «Levantaos y andad, porque este no es lugar de reposo, pues está contaminado, corrompido grandemente». (Mi. 2:10). Recuerda el triste ejemplo de Lot: primero siguió la senda de la amistad con el mundo (Stg 4.4), luego amó el mundo (1 Jn 2.15–17), más tarde se conformó al mundo (Ro 12.2) y por último lo juzgaron con el mundo (1 Co 11.32).
Examinemos pues, nuestras obras a la luz de la palabra de Dios, vivamos una vida en victoria y no corramos el mismo riesgo de Lot. ¿O acaso estás poniendo tus tiendas también en Sodoma?




LA ESTRATEGIA DEL SALMÓN

Las aguas blanquecinas caen velozmente al mar en cataratas, chispeando conforme chocan contra las grandes piedras a lo largo de sus riberas. La corriente arrebata, empuja y arrasa hojas y troncos, llevándolos consigo en su travesía. La gravedad impulsa el agua y ésta lo hace con todo lo demás... hacia abajo.
De repente, un misil plateado rompe la superficie y se lanza río arriba. Es el salmón, pez de carne muy estimada, que vive cerca de las costas y remonta los ríos en busca de aguas más oxigenadas. Resulta emotivo verlo junto a sus compinches, sorteando redes y trampas, anzuelos, rocas y troncos, con un objetivo marcado e inútil de impedir.
Pero, ¿cuál es la razón de este esfuerzo tan tremendo? Pues, todo ello es para poner y fecundar entre las piedras óvulos que signifiquen la reproducción de su especie, la prole de una nueva legión de salmones que bajarían nuevamente hacia el mar. Y es que su furia trepadora, esa estrategia desesperada de llegar, anidar, parir y fecundar, suele llevarlos a morir de agotamiento o en las bocas de los animales que aguardan en los ríos.

LA FE QUE VENCE AL MUNDO

Ahora bien, sin quererlo y a la vista de un documental, he aprendido algo de los salmones. Aquella carrera contra la corriente, yendo río arriba y sin que nada los detenga a pesar de la turbulenta oposición, a la larga no parece realmente una estupidez. La misma historia se repite dentro de una esfera corrompida llamada mundo, nuestro hábitat natural.
Porque el mugre torrente de la sociedad está fluyendo rápida y furiosamente, arrastrando hacia abajo todo a su paso incluyendo a muchos creyentes. A propósito, el liberalismo en las iglesias nos hace creer que la gracia sirve para abusar de ella, ignorando que es un tobogán hacia los brazos de Satanás. El mundo con su materialismo, inmoralidad y lujuria, cada día presiona más contra los cristianos, ahogando primero a los más tibios. Por ende, sería fácil dejarse llevar por la corriente, pero Dios nos pide que nademos en contra de ella. No es tarea fácil y quizás lo hagamos sin compañía, pero será lo correcto.
¿Acaso la Escritura no dice en la historia del profeta Elías que éste, en su oración a Dios, acusó al pueblo de Israel? Dijo: "Señor, han matado a tus profetas y han destruido tus altares; solo yo he quedado con vida, y a mí también me quieren matar".
También Jeremías, quien viviendo en medio de un pueblo rebelde, rodeado de idolatría e injusticia, oyó del Señor: «¡Conviértanse ellos a tí y no tú a ellos!».
Por tanto, si la peregrinación del salmón en la búsqueda de un destino a la vez infausto y taciturno, resulta honorable... ¡con qué más fervor debemos mantenernos firmes porque nuestra recompensa es grande en los cielos!
Cabe entonces la pregunta: ¿Sientes que estás nadando contra la corriente?
Veamos. Si tus costumbres y forma de hablar no son como los demás y tus vecinos o familiares te miran con tufillo lastimero, de esos que cuchichean: «pobrecito, le han lavado el cerebro», pues... sois bienaventurado, eso es una buena señal para tí. Jesús dijo «dichosos cuando, por mi causa... digan mentiras contra ustedes. ¡Alégrense! ¡Pónganse contentos! Porque van a recibir un gran premio en el cielo». Pero si el mundo te muestra el pulgar hacia arriba y gozas de aceptación popular, tengo noticias para tí... ¡Hace rato que te llevó la corriente! Entiéndelo bien, porque aunque te vaya de maravillas ya sea en los negocios o en tu vida afectiva, estás en problemas con Dios. Créeme, necesitas volver a tu primer amor.


EL AFÁN DE MULTIPLICARSE

Sin embargo, no basta el coraje para bracear contra el mundo, sino también el instinto de propagación asalmonada. Porque si al menos esos peces inconscientes consiguen procrear una nueva familia de salmones, cabría preguntarnos si como cristianos tenemos el mismo ímpetu a multiplicarnos por medio de la predicación y el discipulado.
Recuerda que Jesús no dijo "que vengan a nosotros" sino mandó "id y haced discípulos". O sea que de la misma forma en que Dios nos buscó primero, nosotros debemos tomar la iniciativa en lo que a evangelizar se refiere. ¡Hagamos que la gente se acerque a Jesús! Verás con qué recocijo pensarás en aquellos a quienes pusiste a los pies del Maestro. Te gozarás en los frutos que le diste y sabrás que tu obra no fue en vano. Después, cuando llegue el final de tus días y hayas peleado la buena batalla y guardado la fe, oirás un silbido apacible y delicado diciéndote: "Bien, buen siervo y fiel... entra en el gozo de tu Señor"
Surge entonces otra interrogante: ¿Te ves familiarizado con el impulso reproductivo de nuestro amigo el salmón?

NO TE AVERGÜENCES DE DAR TESTIMONIO

Un filósofo alemán llamado Arthur Shopenhauer dijo: «El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad». Yo creo que esto puede ilustrar lo que sucede con los creyentes de hoy. Ellos no quieren hablan de Cristo porque temen el rechazo de la gente, les dá vergüenza testificar pues quizá serán marginados y criticados, todo eso sumado al miedo de quedarse sin amigos. Por eso viven un cristianismo encogido y hediondo, poniendo un pie en la iglesia y el otro en el mundo, tratando de quedar bien con todos, menos con su Señor y Salvador.
Esto es terrible pues están expuestos al vómito del Señor. La supuesta luz que habita en sus corazones yace debajo de la mesa, y su sal sólo sirve para ser pisoteada por los incrédulos. Por tanto, considero una lacra esta forma en que el diablo hace permenecer quieta e improductiva a la iglesia. Es deplorable ver a un hijo negar con sus hechos al Padre celestial. Por ejemplo, cuando está con los inconversos oyendo fatuas conversaciones y participando de sus obras infructuosas. Tampoco es digno esconder la Biblia en la calle o no dar gracias por los alimentos en algún lugar público. También es ridículo que en el trabajo nadie sepa que asiste a la iglesia.
Parece que pocos recuerdan que Jesús no nos dió un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Debemos tener el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: «Creí, por lo cual hablé».

JUAN ES LA VOZ

Quiero citar la experiencia de alguien muy particular, alguien que obviamente no fue el más querido del barrio. Este hombre fue un verdadero salmón que luchó contra la corriente de su tiempo, además que hizo muchos discípulos para la gloria de Dios. Se llamaba Juan el Bautista y fue un tipo que cumplió fielmente lo que el Señor le encomendó. Seguramente la sociedad actual lo tildaría de fanático y extremista. Sin embargo, su trabajo es digno de inspiración y ejemplo para muchos cristianos fríos y condescendientes.
El era un predicador cuyas palabras la gente se conmovía porque decía la verdad, los desafiaba a dejar el pecado y a bautizarse en señal de arrepentimiento. ¿Lo estás haciendo tú también?
En el caso de Juan, respondieron por cientos. Aunque las multitudes lo rodeaban, no buscó ser el centro, nunca olvidó que su papel principal fue anunciar la venida del Salvador.
Un día un grupo de chismosos le rodearon y le dijeron: «¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? (Juan 1:22)
Esta suele ser la bienvenida que el mundo da a los que quieren vivir piadosamente. Siempre hallaremos a gente que nos pregunte lo mismo: ¿tú quién eres? (o mejor dicho ¿quién te crees que eres?), y no por un interés sincero, sino con afán de desacreditar el testimonio. Cierto es que Juan tenía un aspecto muy llamativo: se vestía con ropa hecha de pelo de camello y usaba un cinturón de cuero. Comía saltamontes y miel silvestre. Todo esto fue muy intolerante para los orgullosos sacerdotes que no podían dar crédito a semejante hombre.
Ahora, eso es normal pues este rechazo al mensajero se repite a lo largo de toda la Biblia. Vemos a mucha gente que nadó contra la corriente recibiendo burlas y maltratos, hasta los metieron en la cárcel. A otros los mataron a pedradas, los partieron en dos con una sierra, o los mataron con espada.
Ahora bien, poniendo esto en paralelo con la vida cristiana, puedo parafrasear los pensamientos de algunos a quienes compartimos la palabra: «tú, que fuiste este clase de persona y antes te veía haciendo lo malo, ahora quién te crees, acaso eres mejor que nosotros?» Pero la Escritura dice: «¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica».

¡NO TE QUEDES CALLADO!

Yo creo que haríamos bien si seguimos el ejemplo de Juan el Bautista. Porque a pesar de su aspecto salvaje y no tener poder ni posición en el sistema político, habló con una autoridad casi irresistible. Dió palabras de verdad que movieron a muchos al arrepentimiento, aguijoneó a otros, motivando resistencia y enojo.
Igual como nuestro amigo el salmón. Porque a pesar de que debe luchar contra la corriente, también debe sortear muchos enemigos que buscan devorarlo. Sin embargo, este pez consigue esquivar y superar cascadas muy impetuosas, llevando a cabo increíbles brincos, enderezándose de golpe y elevándose.
Así también Juan fue un verdadero guerrero para los de su generación. No le tuvo miedo a nadie, ni siquiera a la muerte con tal de ganar almas para Cristo. Es más, aun desafió al rey Herodes a que admitiera su pecado, por lo cual su mujer con la que se unió ilegalmente, decidió librarse de este cristiano inflexible. A pesar de eso, le fué imposible detener su mensaje. Inspirémonos entonces con esas palabras que pronunció este confrontador intrépido, a quien no soy digno de desatar la correa de su calzado. Él respondió a sus inquisidores: "Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor..."
Ahora bien, este desierto no es el mismo que vió Juan. Vivimos en otra época. Hay más pecados y desenfreno; múltiples formas de ser tentados, también los hipócritas se han multiplicado. Incluso las iglesias infiltran "medio convertidos" (entiéndase la idea) con tal de aumentar sus miembros y sus ingresos. Por eso, aunque a veces susurre el corazón: «Ellos te consideran como uno que canta canciones amorosas, que tiene hermosa voz y toca bien el arpa. Escuchan tus palabras, pero no las ponen en práctica», la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.
¡Vamos, esfuérzate y sé valiente! Pídele al Espíritu Santo que te ayude a bracear contra las mugres olas de esta sociedad, pues no lo lograrás con tu propia fuerza. Ahora más que nunca el diablo empuja desde el otro lado. Más recuerda esto: Defender la verdad es más importante que la vida misma... ¡Creced y multiplicaos en la obra evangelizadora!